TESOROS de PAPEL

Publicado el: 17/07/2011 / Leido: 5102 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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TESOROS de PAPEL

El Archivo Municipal tuvo su primera sede en una celda del convento de San Pablo · Los militares hicieron cartuchos con sus documentos durante la invasión del general Gómez en 1836

Autor: J. Cabrera

El reciente robo del Códice Calixtino de la Catedral de Santiago de Compostela ha encendido las luces de alarma sobre los sistemas de protección del patrimonio en papel, ya sean documentos o libros, que custodian las instituciones públicas o privadas. Algunos conocían la existencia de este libro considerado como la primera guía turística de Europa al describir con suma precisión el Camino de Santiago en la Edad Media. Muchos, en cambio, han tomado ahora conciencia de la importancia y valor de estos fondos que, de una u otra manera, son patrimonio de todos.

Si se deja al margen el ingente patrimonio bibliográfico, cuyo valor no es comparable por existir en la práctica totalidad de los casos varios casos en otras bibliotecas, el de los archivos cordobeses es un tesoro que se caracteriza por la exclusividad de sus piezas. Los documentos podrán estar digitalizados o microfilmados para el trabajo de los investigadores, pero no dejan de ser documentos únicos que han sobrevivido con el paso de los tiempos a los más diversos avatares, desde guerras a saqueos, pasando por incendios, inundaciones o pésimas condiciones de conservación.

El Archivo Municipal, situado en la calle Sánchez de Feria, es el "lugar donde habita la memoria", en palabras de su directora, Ana Verdú. Efectivamente, en el mismo está el pasado de la ciudad, desde el más remoto hasta el más reciente. No sólo se conservan los documentos históricos sino aquellos que se siguen generando día a día en la actividad municipal.

La importancia de estas piezas está tanto en lo que son como en lo que significan. Habrá piezas en vitela profusamente miniadas que tendrán un alto valor material y una escasa o nula relevancia histórica. Por contra, también hay pergaminos o papeles, según la época, de aspecto más modesto y que son fundamentales en la historia de la ciudad.

Por su importancia, la pieza más destacada del archivo de la calle Sánchez de Feria es la Concesión del Fuero de Población y Conquista a la Ciudad de Córdoba, firmado por Fernando III el 3 de marzo de 1241, casi cinco años después de las tropas cristianas. Lo curioso de este documento es que los investigadores lo califican como una "redacción apresurada" del Fuero que un mes más tarde pasaría a otro documento más solemne como privilegio rodado y con una caligrafía más cuidada. Esta otra copia también se guarda en el Archivo Municipal y ambos han sido profusamente estudiados por los mejores medievalistas cordobeses, porque en ellos está el origen de la ciudad y del Concejo. Vamos, es algo así como la partida de nacimiento del Ayuntamiento.

A partir de éstos, viene una generosa colección de privilegios y de cartas rodadas con firmas, sellos y escudos de monarcas castellanos que hacían concesiones a la ciudad.

Estos primeros documentos son la base del Archivo Municipal, al que más tarde se sumarían las Arcas Capitulares y demás legajos con los que se puede reconstruir con bastante fidelidad el día a día de la ciudad. Lógicamente, conforme avanzaban los años, el volumen de papel que había que conservar crecía de forma considerable. Además, el Concejo quería que tuviera un mínimo de seguridad que ha sido vital para su conservación hasta nuestros días, lejos de sucesos violentos, accidentes o mudanzas, puesto que la Casa Consistorial ha cambiado de domicilio varias veces en los últimos siglos. En el momento en que se decide la conservación de este material es cuando formalmente nace el archivo. El lugar que se consideró más seguro para albergar este material fue algún rincón del Real Convento de San Pablo.

El Ayuntamiento de Córdoba, ni siquiera en nuestros días, ha contado con unas dependencias espaciosas. En la Edad Media estuvo en la casa de la calle Ambrosio de Morales donde actualmente está la sede de la Real Academia. A finales del siglo XVI se traslada a la calle de los Marmolejos, actual Capitulares, hasta que el edificio se derribó a finales de los años 60 del pasado siglo, con la itinerancia ya conocida de la calle Pedro López y del Gran Capitán hasta que en 1985 se inauguró el actual edificio.

La trayectoria del archivo también ha sido convulsa a lo largo de los siglos. La primera ubicación documentada es la de una capilla o celda baja del ya mencionado convento de San Pablo para poner a buen recaudo los papeles más importantes del municipio. Pero en el siglo XVII necesita el Concejo custodiar también todo lo que se genera en la actividad administrativa. Para ello no se recurre a los dominicos de San Pablo, en donde seguiría la parte histórica, sino que se adquiere una vivienda aneja al Ayuntamiento para este fin.

Esta situación se mantendría hasta unos años después de la Desamortización de Mendizábal. Según los expertos, éste es el momento en el que se unifican todos los fondos en el viejo edificio consistorial. En el camino se habían perdido algunos, debido a que las condiciones físicas del espacio en que se custodiaban en San Pablo había hecho que la humedad o diversas especies animales los deteriorasen de forma irreversible.

Se cree que el momento del traslado fue en 1837, un año después de que Córdoba fuese tomada por las tropas carlistas del general Gómez. Cuenta Ramírez de Arellano que las tropas nacionales se atrincheraron en el convento y que utilizaron documentos para liar cartuchos, sin especificar si correspondían al archivo municipal o al propio de los dominicos. Sea una cosa o la otra, lo cierto es que este hecho bélico supuso una dolorosa merma para el patrimonio documental cordobés.

La conservación de los legajos había sido hasta este momento poco menos que una obligación que se cumplía a regañadientes cuando no con desgana. En las décadas finales del siglo XIX cambia de forma radical la visión que desde la institución municipal se tenía de este legado. La adquisición de la casa de los condes de Hornachuelos, en la zona colindante con María Cristina, hizo que se contase con espacio suficiente para este fin y el Ayuntamiento dispuso de un pequeño museo en el que no sólo se exhibían los documentos más valiosos sino también las piezas más destacadas del patrimonio municipal. Este recinto se convirtió de inmediato en meca de estudiosos y en asombro de visitantes a quienes se les mostraba de una tacada los tesoros de la ciudad. Pero el recinto se quedó estrecho, porque la maquinaria administrativa no dejaba un sólo día de generar un volumen de material que crecía de forma exponencial y que tenía el Archivo Municipal como destino.

Cuando la piqueta comienza a derribar el bello edificio del antiguo Ayuntamiento, la Corporación y el Archivo deben buscar nuevo acomodo. La primera se traslada a la calle Pedro López, al edificio que había dejado libre la Diputación Provincial tras su mudanza al convento de la Merced. El segundo, fue a parar a la valiosa casa solariega de la familia Guzmán, en la calle Sánchez de Feria, donde compartió espacio con la Biblioteca y la Hemeroteca Municipal hasta que en las vísperas de las elecciones municipales de 2007 se inauguró el nuevo espacio en Lepanto que alberga estos dos servicios.

El Archivo, por tanto, es el único inquilino actual de esta casa, que actualmente cuenta con unas actuaciones en su interior para dotarla de las medidas mejores para la conservación de este material y su consulta por parte de los investigadores.

Aparte del material generado por la actividad del Ayuntamiento en el mismo se conservan también legajos cuyo origen no tienen nada que ver con la institución municipal y que con el paso del tiempo han recalado en estos anaqueles. Óste es el caso del archivo de la Hermandad de San Eloy, donde se puede estudiar con precisión la historia del gremio de la platería en Córdoba. También se conservan los archivos de varias familias cordobesas así como el de algunas hermandades ya desaparecidas.

También se custodia la documentación de sociedades extinguidas y que en el pasado fueron unas piezas destacadas en la vida social de la ciudad, como es el caso de la Sociedad Económica de Amigos del País.

Publicado el: 17/07/2011 / Leido: 5102 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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