La vida, plasmada en papel

Publicado el: 29/11/2009 / Leido: 5532 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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La vida, plasmada en papel

 

http://www.noticiasdegipuzkoa.com

Autor: A. Salinas

 

Hasta el siglo XIX todas las compraventas, tratos o cualquier acción en la que alguien tuviera que dar su palabra, las certificaba un escribano. Esos documentos que reflejan el día a día de los guipuzcoanos se guardan en los archivos de la Diputación.

Los protocolos que se encuentran en el archivo de Oñati y de Tolosa guardan numerosos documentos que reflejan el día a día de los habitantes guipuzcoanos desde finales del siglo XV hasta el año 1908. Y es que los documentos notariales pasan a manos de los archivos cuando cumplen 100 años.

Antiguamente, cada villa tenía su propio escribano que era el que se encargaba de redactar contratos privados y los del propio municipio. Entre estos documentos se pueden encontrar desde contratos de compra-venta de vacas, la lista de la ropa que lleva la novicia cuando se va a internar... "ahí está la vida", dice Aguirre Sorondo. Ahora acostumbramos a ir muy pocas veces a donde el notario, pero antaño, todo lo tenían que documentar los escribanos, es el caso las compra-ventas, casamientos,... cualquier acto en el que se daba la palabra. Y hasta los municipios más pequeños tenían su propio escribano hasta que en el siglo XIX, concretamente 1862, cuando limitaron los notarios a las grandes ciudades.

Aguirre-Sorondo tiene claro que cada vez son menos los que se dedican a quitar el polvo a los legajos de los archivos. "Si a un investigador de archivo le pagara a un euro la hora tendría que cobrar muy caro. Te puedes quedar horas y horas con el casamiento de un chico y una chica o el inventario de la serora de Azpeitia" agrega.

El encargado de los documentos de Oñati es Ramón Marín Sukia, que detecta que "mucha gente se cree que hacen falta permisos especiales para consultar los documentos antiguos, pero lo puede hacer cualquiera". Eso sí, hace falta mucha habilidad, conocimientos de paleografía y una buena dosis de paciencia para encontrar lo que uno busca, primero, y para entender el documento en cuestión, después.

Mediante  la digitalización, serán muchos más los que puedan acceder a estos documentos guardados desde el siglo XV. Sólo en Oñati, tienen 14.000 tomos, cada año se les suman unos 200-300 más, cada tomo tiene unas 300-400 páginas, por lo que el volumen que manejan es inmenso "y eso que no tenemos los de los últimos 100 años", explica Martín.

El gran volumen de documentos ha obligado a la Diputación Foral de Gipuzkoa ha diseñar estrategias de trabajo, por lo que priorizaron la digitalización de los índices, para que los interesados puedan identificar la información que les interesa. Después, los investigadores pueden pedir el documento concreto al propio archivo y éste lo remitirá digitalizado. Actualmente, aproximadamente un 60% de los documentos está identificado mediante índices.

La responsable del archivo de Tolosa, Ana Otegi Atorrasagasti, identifica entre los usuarios dos tipos de investigadores: profesionales y aficionados. Los primeros suelen ser universitarios o historiadores y entre los segundos predominan claramente los que quieren hacer la historia de la familia. Eso sí, Otegi advierte: "Hay que saber leer esos documentos, los del siglo XIX resultan más legibles, pero los del siglo XVI presentan más dificultades". Con la práctica todo se aprende.

 

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