LA MEMORIA RETACEADA por Luis Salinas

Publicado el: 12/01/2008 / Leido: 5683 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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Leído en CARAS Y CARETAS de Febrero del 2006

LA MEMORIA RETACEADA

Por  Luis Salinas

Con casi dos siglos de historia, el Archivo General de la Nación funciona a pesar de encontrarse en malas condiciones edilicias y presupuestarias.

El Archivo General de la Nación (AGN) tiene, un tanto arbitrariamente, 185 años de edad, a partir del decreto del gobierno de Martín Rodríguez (1821) que originó el Archivo General de Buenos Aires, heredero a su vez de los del Cabildo, el Consulado, el Tribunal de Cuentas, la Aduana y otras instituciones coloniales, desde pocos años después de la Fundación. Como todos estos antecedentes es, en primer lugar, un archivo general administrativo, la memoria oficial del Estado: guarda hoy varios kilómetros lineales de documentación remanente de las privatizaciones noventistas. YPF sola llena anaqueles por tres.

Pero la historia brota de datos secos: de las actas notariales encuadernadas en pergamino surge la formación de la propiedad en la cuenca del Plata; y de los movimientos navieros, de aduana y mercados, una sólida imagen del intenso tráfico negrero por este puerto. La Unesco y el AGN publicaron recientemente, tras una investigación iniciada en 1998, La ruta del esclavo, colección de documentos que reseñan precios, "yerras" en la mejilla o la cara, arreos -como vacas y junto con las vacas-, a Chile, Tucumán, Potosí o Asunción; ventas, permutas, fugas, persecuciones y castigos de decenas de miles de africanos, en buena parte muqueles de 12 años. La colección destruye de una vez la leyenda de una ciudad benigna en la que sólo había esclavos domésticos, tratados como "de la familia": hasta incluye la amarga queja sanitario-ambiental del Cabildo contra los propietarios que a la muerte de su esclavo lo arrojaban a la calle, frente a la puerta o en el solar de la esquina. La UNESCO se basa hoy en un modelo similar para una investigación mucho más amplia en Brasil.

A pesar del éxito, el AGN no es miembro pleno de ADAI, la Asociación Internacional de Archivos Nacionales patrocinada por la ONU. Para serlo, debería estar al día con una cuota anual próxima a los 7.000 dólares que, según Pedro Bevilacqua, subdirector del Archivo, redundaría en apoyo técnico y de infraestructura por cinco veces ese valor. El archivo es una dirección dependiente del Ministerio del Interior y titularizada por Miguel de Unamuno, sin autoridad para ejecutar partidas ni decidir el mínimo gasto. Hasta el ingreso por fotocopias, su único servicio arancelado, va a parar a Rentas Generales. La dificultad con la cuota es, en apariencia, que no hay modo de justificada ante el Tesoro.

Agregó su función de archivo histórico, abierto a los investigadores, al fin de la primera década peronista. Se fusionó entonces con los fondos fotográficos de la Secretaría de Prensa, que aportó también un incipiente Archivo de la Palabra. Con esos fondos ingresaron millares de fotos de publicaciones previas a la década del 40. Incorporó enseguida la gran colección fotográfica Witcomb y la menor, pero todavía más interesante (por su vocación paisajista), de la Sociedad de Fotógrafos Aficionados. Los grandes grupos de prensa y comunicación mueren por ellas. Son cientos de miles de grandes placas de vidrio con una cantidad de vistas insólita de las últimas cuatro décadas del siglo XIX, cuyos detalles en ampliación no pueden imitar las modernas cámaras digitales.

En la imposibilidad de recaudar, el AGN despliega una serie de estrategias entre las que figuran los canjes: La ruta del esclavo y los censos nacionales previos a 1818 en soporte digital se entregan a pedido de los investigadores a cambio de cien CD vírgenes; el traslado a videocassettes de cientos de rollos de videotapes en cinta abierta, a cambio del material original mismo. El muy hermoso edificio central que perteneció al Banco Hipotecario, en Alem 246, es totalmente inadecuado a su función, a pesar del arreglo de los desagües que logró al menos que no se trabaje allí con paraguas. Un edificio-galpón, semejante a un hipermercado, en una sola planta y dotado de sistemas "inteligentes" de regulación de luz, humedad y temperatura, sería mucho más efectivo. Más urgente que lo edilicio es acelerar la digitalización que a la vez ponga distancia entre los consultantes y los originales, reservando los últimos a los peritos, y contribuya a dades a las consultas el carácter federal que hoy no tienen. Algo hay que hacer con el AGN. Tal como está no alcanza a cumplir con las tareas encomendadas, más engorrosas por definición a medida que la historia se acumula. Pero como a la vez también el archivo acumula, y lo que acumula se valoriza, aparece como una repartición débil en el centro de un círculo de miradas de codicia.

CARAS y CARETAS, Febrero, 2006

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