Archivos Eclesiásticos y Religiosos

Publicado el: 13/06/2008 / Leido: 15814 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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Archivos Eclesiásticos y Religiosos:

LÍMITES Y DESAFÍOS ante

la Sociedad de la Información

y el Conocimiento

 

Trabajo Presentado:

2do. Congreso Argentino de Archivística

Tecnología de la Información en los Archivos

25, 26 y 27 de Agosto de 2005

Plaza Real Suites Hotel

Rosario – Provincia de Santa Fe

República Argentina

Lic. Arch. Inés I.Farías

 

 

“Entonces Moisés bajó del monte, trayendo en su mano las

dos tablas de la Ley... labradas por Dios, así como era

también de la mano de Dios la letra grabada en ellas”.

(Sagradas Escrituras. Éxodo, 32-15-16

Han pasado milenios desde la aparición de los primeros archivos, pero en un siglo la vida de la humanidad entró en tal vorágine tecnológica, que podemos decir nos encontramos ante un segundo diluvio, debido a la multiplicación y crecimiento exponencial de la información  puesta de manifiesto en base de datos, hipertextos y redes, navegación en el ciberespacio, exploración hiperdocumental, introducción de grandes volúmenes de series documentales digitalizadas, transformación en la concepción y modalidad de acceso, entre muchos otros avances que han dado lugar aun crecimiento caótico derivado en la Sociedad de la información[1].

Considerados los archivos como guardianes de la memoria, pareciera que permanecen inmutables, -desde el más antiguo del que se tiene conocimiento, el de Ebla (Siria) 2.400 a 2.300 AC[2], a los de un Estado del siglo XXI, pero no puede desconocerse que las condiciones han cambiado radicalmente y, que deben afrontar el desafío de sumarse a la recuperación de la memoria histórica en su vertiente de instrumentos de generación y difusión del conocimiento. El crecimiento exponencial de la información toca de cerca a la archivística y obliga a plantear límites y desafíos a fin de que dicha información pueda devenir en conocimiento. Por otra parte, el concepto de cibercultura (Pierre Levy,1998) plantea el reto de una “universalización” del derecho de acceso, que tiene sin embargo sus limites, como es el derecho a la intimidad de las personas, fácilmente vulnerado hoy en el ámbito del ciberespacio, así como la de validez o autenticidad de datos y documentos virtuales, sin olvidar las normas de ética y moral, cada vez más ausentes ante un hambre insaciable de generar, difundir y hasta “vender” información a cualquier precio[3].

    Los archivos eclesiásticos[i] no escapan a esta realidad. La Iglesia, en una secuencia que viene desde la más lejana y milenaria tradición de memoria-archivos-Iglesia-usuarios, ha seguido también el camino de las grandes innovaciones que ha tenido la humanidad, hasta llegar a las del siglo XXI; la concepción de los archivos como depositarios de patrimonio, memoria, identidad y conocimiento, es aplicable también al interés de la Iglesia en aprovechar las modernas tecnologías de la información que deviene en conocimiento, para ponerlas al servicio no sólo de sus fieles, sino también, de investigadores o estudiosos de muy diversas disciplinas, que trascienden el campo de lo puramente religioso, como por ej. estudios económicos a partir de las cuentas de libros antiguos de un convento.

Como fuentes privilegiadas de conocimiento es posible encontrar en los archivos de la Iglesia -eclesiásticos y religiosos- no pocas huellas de la formación de la identidad de los pueblos, o de gran parte de una sociedad, - pensemos por ej. en el surgimiento de los pueblos de Hispanoamérica, tan ligado a la obras de los misioneros- y en la legislación de Indias, que tanto legisló en materia eclesiástica y que no estuvo ausente en cuanto a los archivos se refiere. Esta legislación también influyó en los tipos documentales eclesiásticos. Desde el punto de vista diplomático, las formas de algunos documentos eclesiásticos, como las actas capitulares, eran una mezcla de las usadas por la Cancillería Pontificia y la Cancillería española. La documentación producida por la Iglesia durante la época de la colonia[4] fue muy abundante, especialmente la relacionada con la fundación de pueblos, colegios, hospitales, iglesias, capillas, así como testamentos a favor de la Iglesia; cobro de aranceles  eclesiásticos; expedientes judiciales eclesiásticos y de nulidades matrimoniales; Libros de matrículas y padrones; resoluciones episcopales; mensajes pastorales; comunicaciones diversas; censos; obras pías; correspondencia con la Santa Sede; Registros de Reales Cédulas, Breves, Bulas; registros de Cofradías; inventarios; informes diversos; Libros de contabilidad, etc., en una abundancia y diversidad tal, de la que dan cuenta los archivos tanto sean de la Curia eclesiástica de antiguas parroquias como de conventos cargados de historia.

Archivos, Iglesia e historia

            Es sabido que los archivos se hallan íntimamente ligados a la propia historia de la sociedad desde tiempos muy remotos, y que la Iglesia como institución que ha ingresado en el tercer milenio ha tenido en cuenta desde sus orígenes a sus registros y archivos, contribuyendo en una trayectoria a veces paralela, otras simultánea y en otras adelantándose a las disposiciones que hoy en día la archivística ha asimilado en general.

Así lo señala A. Heredia Herrera[5]: “Los archivos van unidos a la historia del hombre. La entrada de éste en la historia está vinculada a la aparición del primer testimonio escrito y a partir de ese momento, los archivos van a tener un puesto en el acontecer humano”,justificando el nacimiento de los archivos como fruto de la necesidad de la vida pública y privada ante la conveniencia de hacer durables las acciones religiosas, públicas y económicas constituyendo así la memoria de una y otra.

Para la Iglesia y los cristianos sus archivos son guardianes de la memoria del Pueblo de Dios; son los lugares donde se conserva la memoria de las comunidades cristianas y a la vez, factores de cultura para la nueva evangelización. A su vez, como sostiene Sastre Santos[6]: “en la Iglesia, sociedad divino-humana, la urgencia del gobierno de su memoria archivística se encuentra gravada por una responsabilidad espiritual: se transmite un Memorial, las partidas sacramentales declaran sus hijos, y la adquisición de sus bienes lo es de cargas espirituales”.

Los documentos se conservaron al principio, junto con los documentos literarios –recordemos la inicial unión de biblioteca y archivo- a través de métodos empíricos, hasta evolucionar a los principios de la archivística hoy reconocidos, pasando por el “archeion” griego, el “archivum” romano, en estructuras que llegaron a ser personales y hasta trashumantes (Edad Media). La custodia estaba encomendada a clérigos y notarios, y recién ya más entrada la época moderna, a los archiveros, aunque la autoridad -episcopal o de instituto religioso- aún no ha podido llegar a confiar abiertamente ni en el acceso ni en la organización y guarda de sus archivos a personas ajenas a sus cuerpos orgánicos; en una situación que tanto la Iglesia como los archiveros necesitan superar en medio de esta avalancha de información y producción documental de la era electrónica, que es necesario encauzar.

Archivos Eclesiásticos y Religiosos

Antes de avanzar en el tema, creemos necesario hacer una distinción entre archivos eclesiásticos y archivos religiosos. 

Los archivos religiosos son eclesiásticos, pues están bajo la órbita de la Iglesia como estructura o jerarquía orgánica, pero los archivos eclesiásticos no tienen la misma estructura y normativa que los religiosos. Los archivos eclesiásticos están bajo la responsabilidad de los clérigos[7], sujetos al gobierno del Sumo Pontífice (según la escala jerárquica de arzobispo, obispo, párroco) mientras que Archivos Religiosos son pertenecientes a un Instituto religioso aprobado por el Papa y cuyos individuos viven bajo las reglas establecidas por su fundador, hallándose bajo la guarda del Superior eclesiástico[8], sujeto siempre a la autoridad del Pontífice. Los archivos religiosos se distinguen por las particularidades, régimen de gobierno y administración propias de su Regla, y según lo establecen sus Constituciones y Estatutos. (A los primeros ermitaños que se retiraban al desierto para orar individualmente, siguieron los cenobios (cenobitas), luego las órdenes monásticas (benedictinos). En el siglo XI surgen las órdenes religiosas (por ej. Orden de Frailes Menores o franciscanos; Orden de la Merced, mercedarios). Luego vendrían los institutos surgidos durante el Concilio de Trento (jesuitas). Posteriormente surjen las congregaciones religiosas (lasallanos), y ya en el siglo XX los institutos seculares (servidoras). A todos ellos se los reconoce como institutos de vida consagrada. Se distinguen según los fines, carisma y actividad definida por sus fundadores; por ej. los Colegios de Propaganda Fide de los misioneros franciscanos- Orden de Frailes Menores; las Reducciones de los Jesuitas; la tarea educacional de los Salesianos o Hijos de Don Bosco; las redenciones de cautivos de la Orden de la Merced, o mercedarios, o el carisma de predicadores de la Orden de los Dominicos) es decir, cada una con sus particularidades, que dan origen a un lenguaje y vocabulario (no es lo mismo Prior que Guardián, por ej.; ni se puede confundir  al fray de los franciscanos por el de los mercedarios); tipos documentales, idioma -predominio del latín- además d normas y procedimientos que son propias de cada Orden, Congregación, Cofradía o Instituto religioso.

En cuanto a la legislación, para los archivos eclesiásticos la base fundamental es el Código de Derecho Canónico -CIC[9]- y para los religiosos, el Código más las Constituciones y Estatutos propios de la Regla de cada Orden. Los archivos eclesiásticos tienen todos un patrón organizativo semejante dado por el CIC, no así los archivos religiosos, que responden a la estructura orgánica que es propia de cada Orden o Instituto.

Los primeros -eclesiásticos- al pertenecer a iglesias o parroquias de más fácil acceso por sus propias funciones, han estado si bien custodiados y muy controlados, más cercanos al acceso de personas no directamente sujetas a la jerarquía eclesiástica y con el tiempo, se fueron abriendo en su organización -aunque muy lentamente- al ingreso de seglares o laicos comprometidos con la Iglesia y mucho más recientemente, a archiveros profesionales independientes de un compromiso de fe. En el caso de los archivos religiosos, por pertenecer a su mayoría a Órdenes o Comunidades que viven en claustros, el acceso ha sido mucho más cerrado, estando a cargo de cronistas y archiveros del propio monasterio o convento. Los cambios y la reducción del número de religiosos, han llevado en no pocos casos a situaciones de abandono de sus archivos, sufriendo también los efectos de devastaciones provenientes tanto del medio ambiente como del hombre)abriéndose gradualmente a la presencia de personal idóneo, archiveros o estudiosos, historiadores las más de las veces, familiarizados con la comunidad religiosa. Estos archivos están llamados a ser un lugar de reflexión para consagrados y laicos, ya que resguardan la identidad del instituto y en ellos subyacen métodos aplicados en el pasado que bien pueden ser remozados en una situación concreta de los tiempos presentes.

Etapas de los archivos eclesiásticos

La historia de la Iglesia muestra también la de sus archivos, podría decirse que desde su nacimiento, con las primeras actas de los mártires. Las Sagradas Escrituras contienen abundantes citas tanto de procedimientos, como de normas, oficios y tipos documentales, desde los orígenes bíblicos. Pueden reconocerse cinco grandes etapas históricas para los archivos eclesiásticos[10].

1-      De la Iglesia primitiva o proscripta. El acento se puso en registrar los martirios y la sucesión jerárquica de la Iglesia (sobre todo de los Papas). Estaban a cargo de notarios.

2-      De la Iglesia post Constantiniana. Se organiza la administración de las obras asistenciales y bienes de la Iglesia, y la registración de sucesión episcopal, ordenaciones sacerdotales y consagración religiosa (monjes y monjas. Aparecen los primeros archiveros eclesiásticos.

3-      De la Iglesia post Concilio de Trento (1545). Se inicia el registro de identidad de cada uno de los católicos: bautismo,confirmación, matrimonio, ordenación sacerdotal, defunción y se explicitan normas. La legislación sobre archivos es recogida en el Corpus Iuris Canonici (1580). El Papa Pablo V organiza el que es hoy el Archivo Vaticano.

4-      De la Iglesia post Concilio Vaticano Primero. SS. León XIII, el Papa de la Rerum Novarum, estableció normas precisas para los archivos diocesanos y parroquiales, a cargo del canciller y del obispo, así como normas para conservar el patrimonio documental, y ordenó (1881) la apertura parcial de los Archivos Vaticanos, a raíz de lo cual numerosos países fundaron institutos históricos en Roma para estudiar esta valiosa documentación. El Papa Benedicto XV promulgó el Código de Derecho Canónico -Codex Iuris Canonici (1917).

5-      De la Iglesia de fin del segundo milenio. En el marco de un llamado a la conversión se abren progresivamente los archivos, hasta llegar a los de la Inquisición. Bajo el Pontificado de Juan Pablo II, es aprobado el nuevo Código de Derecho Canónico (1983), aún vigente. La Constitución Apostólica Pastor Bonus otorga renovado marco al Archivo Vaticano, con normas aplicables a los demás archivos eclesiásticos. Poco después (1993), se crea la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia[11] cuya Carta Circular “Función Pastoral de los Archivos Eclesiásticos (1997) es todo un proyecto de sistema eclesial de archivos[12]. Irrumpe la informatización adoptando rápidamente la Curia Vaticana los recursos para la comunicación y trasmisión de información, que alcanza también a sus archivos.

En la actualidad, de los registros pontificios que son el núcleo de los archivos vaticanos, han sobrevivido hasta nuestros días, unos 6.000 volúmenes de los siglos XIII al XV, con unos 3.000.000 de documentos de esa época, constituyendo quizá una de las fuentes más importantes sobre los últimos siglos de la edad media y del renacimiento. La importancia de estos registros papales ha dado lugar al surgimiento de una disciplina científica de la cual son objeto de estudio exclusivo y a la creación en el Vaticano de una Escuela de Archivística, ampliada con la creación de secciones especiales de paleografía, diplomática y restauración. Con la llegada de la era informática, se ha iniciado la tarea de digitalizar documentos y obras de arte, transcribir textos, y volcar todo ese resultado tanto en la Red Informática de la Iglesia como en las otras redes, presentes o futuras.

Legislación y Clasificación de los archivos eclesiásticos.

La Iglesia se ocupó desde los primeros tiempos de legislar acerca de sus registros, actas, y archivos. Como grandes hitos, cabe mencionar a los tres principales cuerpos jurídicos, el Corpus Iuris Canonici (la época medieval); el Código de Derecho Canónico,1917 (posterior al Concilio de Trento) y al nuevo Código de 1983(post Concilio Vaticano II) Identificadas las instituciones diocesanas y sus archivos, el derecho plantea cuánto de la base doctrinal que sostiene el sistema diocesano de archivos se ha de asentar. Los papeles de la Iglesia no son los papeles de una institución civil, ni su derecho tampoco, de ahí el extremo cuidado con que han sido tratados y reservados a través de los siglos y de los desafíos que hoy deben superar quienes pretenden desde el medio estrictamente seglar, acceder a sus fondos, ya fuere para organizarlos y servirlos o para consultarlos.

El CIC contiene un verdadero y exhaustivo tratado de archivística referido a los archivos de la iglesia. Se citan algunas de sus precisiones archivísticas[13]:

- De acuerdo al tipo de institución a que pertenecen, pueden ser agrupados en cuatro grandes divisiones:

1-      Archivos de la Suprema Autoridad de la Iglesia o archivos vaticanos (según Tanodi[14], equiparables a los archivos públicos estatales),

2-      Archivos de las iglesias particulares, o archivos episcopales y parroquiales(Tanodi: podrían considerarse semi-estatales);

3-      Archivos de las personas públicas eclesiales, o de los institutos religiosos y sociedades de vida apostólica (Tanodi: asimilables a los privados);

4-      Archivos de las personas privadas eclesiales, o archivos de las asociaciones de fieles (para Tanodi: se asimilarían a los privados).

Al tercer grupo corresponden los archivos religiosos.

- De acuerdo al tipo de función que desempeñan y de la documentación que albergan:

1-      Archivos corrientes (según la CPBCI «documentos para la vida y gestión de los diversos entes[15]»);

2-      Archivos históricos(id.«documentos de importancia histórica»);

3-      Archivos secretos (id. « documentos sobre causas criminales, atestados de matrimonios de conciencia, dispensas de impedimentos ocultos, etcétera).

El CIC obliga expresamente a los Ordinarios (obispo, provincial religioso u otro a él equiparado según el canon 381), a que «las actas y documentos de los archivos … de su territorio [jurisdicción] se conserven diligentemente, y que se compilen los inventarios o índices…»

Les impone también crear y vigilar el funcionamiento del archivo histórico de su jurisdicción, para…que los documentos, que tengan un valor histórico, sean guardados   diligentemente y ordenados sistemáticamente. Y también deberán dotarlo de un reglamento que permita su correcto funcionamiento según su propia finalidad. Esta es una característica muy destacable de los archivos eclesiásticos: son responsabilidad directa del ordinario. En el nuevo CIC, los archivos episcopales están ubicados en una postura administrativa (utilidad primaria), dejando lo histórico y cultural para el último canon del tema. Al hablar de la administración de los bienes eclesiásticos, el CIC establece dos grandes grupos de archivos eclesiásticos:

1-      Archivos curiales, referidos a los episcopales en edad administrativa (canon 486 a 490)

2-Otros archivos eclesiásticos (c.491), se encuentran

  aquellos no curiales y los históricos.

- De acuerdo a su accesibilidad, distingue tres tipos:

1-      Archivo General (c.486 a c.488)

2-      Secreto (c.489 y c.490)

3-      Histórico (c.491).

- En cuanto a las condiciones, establece el CIC:

"lugar seguro"(c. 486 § 2);

"orden manifiesto de los documentos"(c. 486 § 2);

"diligentemente guardados"(c. 486 § 2);

"inventario" o "índice" de los documentos (c. 486 § 3) (la versión latina: catalogus"

"resumen del contenido de cada escritura" (c. 486 § 3).

- Respecto a la Accesibilidad: “El archivo general de la Curia debe permanecer cerrado y sólo el Obispo y el Canciller poseerán la llave. Por regla general, nadie accede al archivo, salvo que cuente con permiso del Obispo o del Moderador de la Curia junto con el Canciller (c. 487 § 1).

Abundan las precisiones para archivos de todos los niveles: Iglesias Catedralicias, Colegiatas, Parroquias y otros. Archivos Parroquiales, características de acto administrativo, documentos públicos eclesiásticos, documentos públicos civiles, documentos privados, Libros de bautismo y difuntos, Libros de matrimonio, Libros de misa, etc.

Cuando se habla de la edad de los documentos, a nivel eclesial se consideran dos tipos de archivos:

1-      Corriente[16]

2-      Histórico[17]

El archivo intermedio tiene referencias en el CIC; también el término archivalía es desconocido, usándose en cambio documento de archivo[18].

Importancia de los archivos para la iglesia

- En una primera instancia permiten recordar cómo se expandió la fe cristiana (nivel histórico)...Las informaciones recogidas en los archivos, permiten la reconstrucción de las vicisitudes de la evangelización y de la educación en la vida cristiana[19].

- En una instancia más profunda, permiten al creyente reflexionar sobre la acción de Dios en la Historia (nivel espiritual): En los archivos  eclesiásticos, como decía Pablo VI, se conservan las huellas del transitus Domini [paso del Señor] en la historia de los hombres[20].

- La fe lleva a la acción. Los dos niveles anteriores se dan en un nivel eminentemente reflexivo. El tercero, en cambio, tiene consecuencias prácticas (nivel pastoral):  ... Por tanto los archivos, con su patrimonio documental conocido y comunicado, pueden llegar a ser instrumentos útiles para una inteligente acción pastoral, puesto que a través de la memoria de los hechos se da una  mayor concreción a la Tradición[21].

- Para la Iglesia, los archivos son garantía de supervivencia institucional y agradecimiento de los fieles del presente hacia quienes los precedieron.

- El patrimonio archivístico eclesial no es un bien que deba permanecer oculto celosamente en los anaqueles: es necesario transmitirlo a todos y utilizarlo[22]. Pasados los plazos de reserva, se convierte en patrimonio archivístico universal:  «Los archivos, en cuanto bienes culturales, … con el paso del tiempo adquieren  una dimensión universal, transformándose en patrimonio de toda la   humanidad»[23]

- Los archivos eclesiásticos son instituciones informativas y formativas, factibles de transformarse en importantes centros culturales, contribuyendo eficazmente al desarrollo cultural de la sociedad y a la construcción de la paz universal[24]. Es más, en el pensamiento de la jerarquía, los archivos, están llamados a desarrollar un papel de agencia cultural no sólo para los especialistas del sector, sino también para estudiantes y jóvenes  oportunamente preparados.

- Los archivos religiosos están llamados a ser lugar de reflexión para consagrados y laicos. Allí se resguarda la identidad del instituto y subyacen métodos aplicados en el pasado que bien pueden ser remozados en una situación concreta.

Competencia y perfil del archivero

Dadas las exigencias de la tecnología y la necesidad cada vez mayor que tienen los archivos eclesiásticos y religiosos de contar con profesionales que respondan al perfil que definen propias las características que detentan los archivos sujetos a la autoridad y gobierno de la Iglesia, no cabe duda  que la formación del personal de archivos es una inversión segura. Como también que resulta de fundamental importancia “...la necesidad de personas especializadas en archivos” (CPBCI, 1997) ya que a largo plazo este servicio contribuye al desarrollo de una base cultural que hoy es absolutamente necesaria incluso en el trabajo pastoral. Esta preparación profesional requerirá además[25]:

- “… la comunicación de informaciones entre diversos archivos y la participación en Asociaciones archivísticas nacionales e internacionales”;

- que los empleados que se desempeñen en los distintos archivos de la Curia Diocesana, parroquial, de una Provincia religiosa o Casa conventual, deberán reunir condiciones, además de las técnicas y aptitudes personales, de sujeción a  reglas éticas y morales muy firmes:“ ...La competencia técnica y el sentido del deber son las condiciones  indispensables para el respeto a la integridad de los fondos documentales”.

- Las autoridades…deberán confiar la dirección de los archivos eclesiásticos a personas preparadas, estables, expertas y capaces.

- Procurarán animar a los archiveros en su trabajo…promoviendo su especialización, invitándoles a tomar parte en Asociaciones  nacionales para reflexionar sobre estos temas, organizando convenios de estudio para profundizar en los aspectos relativos a la gestión de los archivos eclesiásticos;

- Como un servicio eclesial y cultural, ofrecerá, dentro de sus posibilidades charlas y cursos a las instituciones que lo requieran, sobre temas de su especialidad.

En este aspecto se destaca la importancia de la toma de conciencia por parte de los responsables de cada área (curia provincial, consejo educativo provincial, consejo parroquial provincial y comisión económica provincial) acerca de la realidad de los archivos de la Diócesis o Provincia Religiosa. De parte del profesional archivero, la toma de conciencia de la características que distinguen a los documentos de archivos eclesiásticos y religiosos, y que exigen una mayor especialización y conocimientos, así como una toma de posición frente a los asuntos espirituales y morales que, de una u otra forma, explicitados o no, están presentes en estos documentos y en estos archivos.

Archivos eclesiales:  apertura y acceso

Entre la obligada reserva y las exigencias de permitir el acceso, la Iglesia no ha desechado enfrentar desafíos. La apertura y el acceso a los archivos eclesiales ha sido vivamente recomendada por la Santa Sede:

- Los responsables deben procurar que el uso de los archivos eclesiásticos pueda  facilitarse no sólo a los interesados que tienen derecho a usarlos, sino  también a círculos más amplios de estudiosos, sin prejuicios ideológicos y religiosos, quedando a salvo las oportunas normas de seguridad, dadas por el derecho universal y por las normas del Obispo diocesano.

- La apertura desinteresada, la acogida benévola y el servicio competente deben ser objetos de atenta consideración para que la memoria histórica de la Iglesia se ofrezca  a toda la colectividad.

- El Papa Juan XXIII reconocía expresamente el derecho de todo hombre a la información objetiva y a participar de los bienes de la cultura: “Todo ser humano tiene el derecho natural al debido respeto de su persona, a la  buena reputación, a la libertad para buscar la verdad y, dentro de los límites del orden moral y del bien común, para manifestar y defender sus ideas, para cultivar cualquier arte, y finalmente, para tener una objetiva información de  los sucesos públicos (...) También nace de la naturaleza humana el derecho a   participar de los bienes de la cultura…[26]

- El Concilio Vaticano II exhortaba: “Es preciso, además, hacer todo lo posible para que todos adquieran la conciencia de su derecho a la cultura y del deber que tienen de cultivarse a  sí mismo y a ayudar a los demás [27]reconociendo el derecho humano a la correcta información.

- Sin embargo,  el recto uso de este derecho exige que la información sea siempre objetivamente verdadera y, salvada la justicia y la caridad, íntegra; en cuanto al modo, ha de ser, además, honesta y correcta, es decir, que respete las leyes morales del hombre, sus legítimos derechos y dignidad, tanto en la  obtención de las noticias, como en su divulgación, como lo remarcó el Concilio Vaticano II[28].

La recomendación de abrir los archivos de la Iglesia se reitera en la CPBCI de 1997: “Los responsables deben procurar que el uso de los archivos eclesiásticos pueda facilitarse no sólo a los interesados que tienen derecho a usarlos, sino también a círculos más amplios de estudiosos, sin prejuicios ideológicos y religiosos, quedando a salvo las oportunas normas de seguridad, dadas por el   derecho universal y por las normas del Obispo diocesano.[29]

En esta doble vertiente, de reserva y de apertura, es necesario tener en cuenta límites y condiciones porque el acceso a la información y a la documentación contenida en los archivos eclesiales, como en el resto de los archivos, no es irrestricta: … convendrá poner limites a la consulta de fascículos personales y de otras  correspondencias epistolares que por su propia naturaleza son de carácter  reservado o que los responsables pueden pensar que es así. No se trata del archivo secreto de la curia diocesana, del cual expresamente se trata en los cánones. 489 /490, sino en general a los archivos eclesiásticos:

            - Quedando siempre a salvo la caridad con las personas, no se saque ni publique nada sin autorización del superior respectivo, cuidando de que se devuelvan  íntegros los documentos y que todo permanezca en buen estado. Para permitir el acceso de los investigadores a los documentos depositados en un archivo existen fundamentalmente tres posibilidades: a)- Desde el momento de su creación; b)- Transcurrido determinado tiempo; c)- Transferidos al archivo histórico. El CIC señala con los plazos y la carta circular de 1997,tiene normativas claras:

- Asimismo, el Archivero de la Curia estará facultado para limitar o impedir el acceso «a documentos y archivos que normalmente podrían consultarse (acceso restringido) debido a:

-las condiciones materiales en que se hallan los documentos y archivos.

-la protección de su carácter privado o de seguridad

-  las condiciones impuestas por el donante de documentos o grupo de documentos.

En todos los casos, el Reglamento del Archivo, previamente aprobado por la autoridad eclesiástica o religiosa, dejará a salvo su responsabilidad y preverá riesgos, medidas de conservación preventiva y modalidad del acceso.

Finalmente, cabe señalar que el acceso masivo a la documentación de mayor significación, transferida o no al Archivo Histórico, será posible gracias a las tecnologías de documentación e información virtual, otro de los desafíos que se deben asumir.

Los retos de la Sociedad de la información.

Ante los retos para el archivero de hoy, Alberch Fugueras[30] reclama aptitudes que “permitan reafirmar el papel protagonista que los archivos pueden llevar a cabo en la concreción de un concepto tan potente, y a menudo tan etéreo, como lo es el de la Sociedad de la información. Su carácter de depositarios de la memoria colectiva; de baluartes en la defensa de los derechos de las instituciones y de los ciudadanos y de instrumentos del control democrático les confiere una implicación extraordinaria, y valga la imagen, la posibilidad de  contribuir a hacer más provechoso el tránsito por las autopistas de la información.”

No son menos importantes los retos para los archivos bajo la custodia de la Iglesia, ni para el personal que ha de atenderlos. En esta era de grandes cambios con redes virtuales que entretejen su telaraña en el ciberespacio, las dificultades se multiplican, pero también, las oportunidades de superarlas. La Iglesia es consciente que no sólo deberá abrir sus archivos, y además, informatizarlos, ponerlos en red y hacerlos circular, sino que también deberá ser “…promotora de la organización archivística, motivando su importancia cultural, especialmente si no existe todavía una apta sensibilización entre las instituciones civiles” (PCBCI,1997), consciente de que el trabajo para la conservación y valoración de los bienes culturales -entre los que se encuentran los archivos- necesita personas y tiempo. Los tesoros que las generaciones cristianas han ido acumulando en el curso de los siglos en sus papeles, esperan hoy ser rescatados con un nuevo lenguaje, nuevos soportes, nuevas miradas, a un ritmo altamente acelerado. Desde la visión católica de la Iglesia -es decir- universal, los archivos, la archivística, los archiveros, la Sociedad de la Información y Sociedad del Conocimiento, están llamados a estrechar vínculos  con el fin de contribuir al progreso de la humanidad.

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Río Cuarto, Junio de 2005.



[1] Término expresado por primera vez en 1994 en un documento político del Consejo Europeo, Bruselas, 1994.

[2] Descubierto por una expedición antropológica en 1994,entre los restos del palacio real de un Estado protosiríaco. Cfr. KAUFMANN, José L. Pastoralidad del Archivo Eclesiástico, La Plata (Bs. As.), 2001, p. 9.

[3] ALBERCH FUGUERAS, Ramón, Los archivos, entre la memoria histórica y la sociedad del conocimiento. Edit. UOC, Barcelona,2003. pp.196-202.

[4] EMILIANI, Jorge Alberto. Manual de Administración Indiana, Córdoba, 1994.

[5] HEREDIA HERRERA, Antonia. Archivística General. Teoría y Práctica. Edit. Diputación Provincial de Sevilla, 1993. p. 105.

[6] SASTRE SANTOS, Eutimio. Manual de Archivos. El Sistema archivístico diocesano: Archivos de la Curia y archivos parroquiales. Edic. ANABAD, Barcelona, 1999, p.27.

[7] El que ha recibido las órdenes sagradas. En la Edad Media, hombre letrado y de estudios escolásticos, aunque no tuviese orden alguna, en oposición al indocto y especialmente al que no sabía latín. Presbítero o sacerdote.(Diccionario Real Academia Española)

[8] Constituido en una de las dignidades de la Iglesia, como Superior de un convento, Guardián, Prior; Superior de canónigos o monjes, abad. Según las denominaciones propias de la Orden religiosa (Frailes Menores; Dominicos; Benedictinos, etc.)

[9] Código de Derecho Canónico, en adelante, CIC, sigla que deriva del título en latín, Codex Iuris Canonici, tomado del primer Código, 1917. Promulgado por el Papa Benedicto XV, sienta las bases de una serie de normas archivísticas para la creación de los archivos diocesanos; inventario de documentos; actualización anual de inventarios; cerradura del archivo; archivos parroquiales; acceso de los investigadores a los documentos no secretos, entre las principales.

[10] FURLANI, Alfredo. Sistematización... Pp.28-34. Cfr. Nota1 al final.

[11] En adelante CPBCI.

[12] En adelante, CPBCI. Principales Cartas Circulares: Las bibliotecas eclesiásticas en la misión de la Iglesia (Roma, 1994); Bienes Culturales y Familias Religiosas(Roma, 1994); Los Religiosos y los Bienes Culturales Eclesiásticos (Roma, 1994);La Función Pastoral de los Archivos Eclesiásticos (Roma, 1997); Necesidad y Urgencia del Inventario y Catalogación de los Bienes Culturales de la Iglesia (Roma, 1999);

[13] Cfr. FURLANI, A. Sistematización... Nota al final.Pp.34-55.

[14] TANODI, Aurelio. Manual de Archivología Hispano Americana. Univ. Nac. de Córdoba, Cba. 1961.

[15] CPBCI. Función Pastoral...

[16] Cfr. CPBCI. Función Pastoral... 2,2. Organización del archivo corriente.

[17] Ibid. 2,1. Potenciación o institución del archivo histórico diocesano.

[18] CPBCI: Bienes Culturales y Familias Religiosas. Roma, 1999.

[19] CPBCI. Función Pastoral...1,1.

[20] Ibid. 1,2.

[21] Ibid. 1,3.

[22] Ibid. 4.

[23] Ibid. 4,1.

[24] Ibid. 4,4; 4.5.

[25] Las citas corresponden a items de la Carta Circular La Función Pastoral... ya citada.

[26] JUAN XXIII. Encíclica Pacen in Terris. Roma, 1963. Edic. Paulinas, Bs. As. 1963.

[27] Constitución Gaudium et Spes

[28] Decreto Inter. Mirifica, sobre los Medios de Comunicación Social.  Roma, 1980.

[29] CPBCI. La Función Pastoral.... Inventario e Informatización.

[30] ALBERCH FUGUERAS, R. Los Archivos.. Ob.cit.



[i]NOTA- Bibliografía específica y conceptos, Archivos Eclesiásticos y Religiosos, desarrollada por FURLANI, Alfredo, Sistematización de Archivos de una Provincia Religiosa. Trabajo Final, Escuela de Archivología, Univ. Nac. de Córdoba, 2000. En www.merced.org.ar. FARIAS, Inés I. San Francisco Solano, Río Cuarto, 2001.COMPILACIÓN, Sistematización de Archivos de una Provincia Religiosa. Información complementaria sobre los Bienes Culturales de la Iglesia, realizada para la Vice Provincia San Francisco Solano, Archivo Histórico Convento San Francisco Solano, Río Cuarto, 2001.

Publicado el: 13/06/2008 / Leido: 15814 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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