El RESCATE DEL PATRIMONIO DOCUMENTAL ARCHIVÍSTICO PARA SU DIFUSIÓN Y CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD SOCIAL Y LA CULTURA.

Publicado el: 09/11/2014 / Leido: 13152 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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XII CONGRESO DE ARGENTINO DE ARCHIVÍSTICA los días 5, 6 y 7 de Noviembre de 2014,  SALON AUDITORIUM - DR. RAFAEL VILLAGRÁN. Avda. Belgrano 1349, Cuidad de Salta,  Provincia de Salta,  cuyo eje temático es:

 " Historia. Sociología. Las Fuentes Documentales. Los Archivos ".

 

EJE TEMATICO PROPUESTO:

 Los archivos como fuentes para la construcción histórica y para el desarrollo del análisis sociológico.

 TITULO DE LA PONENCIA:

 El RESCATE DEL PATRIMONIO DOCUMENTAL ARCHIVÍSTICO PARA SU DIFUSIÓN Y CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD SOCIAL Y LA CULTURA.

 

 

NOMBRE DE LOS AUTORES:

 Dr. Juan Miguel Castillo Fonseca.

Dra. Guadalupe Patricia Ramos Fandiño.

 

 Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

Escuela de Ciencias de la Información
 

 

EL RESCATE DEL PATRIMONIO DOCUMENTAL ARCHIVÍSTICO PARA SU DIFUSIÓN Y CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD SOCIAL Y LA CULTURA

Dr. Juan Miguel Castillo Fonseca1

Dra. Guadalupe Patricia Ramos Fandiño2

Resumen

Se expone el problema de la apreciación de la documentación bibliográfica y archivística, su valoración como patrimonio cultural, sus repercusiones en la generación de la identidad y pertenencia a un conglomerado social y a una cultura común, las fuentes documentales históricas como parte del patrimonio nacional, testimonio tangible de sus antecedentes culturales, así como la necesidad de un proyecto integrador que involucre el rescate del patrimonio documental y su difusión social en los archivos históricos de San Luis Potosí, México.

 

El presente trabajo aborda como primer punto a los archivos históricos, en donde se conceptualiza y se vislumbra el contexto existente en San Luis Potosí, México, en segundo lugar se expone la problemática de los estudiantes en el ámbito de las Ciencias de la Información por la apreciación del patrimonio documental frente a otros distractores como la tecnología, en el tercer apartado sobre la sociedad, la identidad, cultura y disfrute del patrimonio documental, se realiza una reflexión en donde la sociedad juega un papel trascendental para conseguir cambios mediante políticas que coadyuven en la construcción de la identidad nacional. Finalmente se realiza la conclusión general del trabajo en donde se propone la idea general de un sistema de archivos históricos, sin olvidar la problemática presentada sobre como inculcar a las nuevas generaciones el aprecio a las fuentes documentales.

 

 

Introducción.

 

El rescate de las fuentes documentales de carácter histórico es una tarea necesaria que requiere la colaboración multidisciplinaria de profesionales, de las autoridades pertinentes y del  público en general. La finalidad principal de este esfuerzo conjunto responde al establecimiento de un modelo en red que permita rescatar, organizar, administrar y difundir la riqueza cultural y el patrimonio histórico del Estado de San Luís Potosí, en beneficio de la educación y de la sociedad en general del país y del mundo entero.

 

Sociabilizar el legado de nuestros antepasados, es un deber y un compromiso que el gobierno tiene con la sociedad potosina, en el que no se han hecho grandes avances,  pues  resulta evidente que muchos de los 58 Municipios del Estado, requieren los recursos humanos, técnicos y financieros, para iniciar el rescate de sus acervos. En ese sentido, este trabajo pretende ser un llamado a las autoridades respectivas y entes involucrados en la investigación retrospectiva, la cultura y el rescate del patrimonio histórico del país, para unir esfuerzos  y lograr el rescate la preservación y adecuada difusión para el disfrute ciudadano y el acercamiento de los estudiantes a la historia local y nacional a través de la apreciación de los legados documentales, de los que San Luis Potosí  tiene una gran riqueza.

 

Para lograrlo cabe señalar la necesidad e importancia  de contar con un sistema de información de archivos históricos que  permita  rescatar, organizar, conservar y difundir el patrimonio documental, pero también articular estrategias de formación para su  justa apreciación y el fomento de actividades de investigación, académicas y culturales, encaminadas no solo a un grupo selecto de investigadores y estudiantes del área de humanidades, sino a la sociedad potosina, al pueblo mexicano y, porque no, al mundo entero.

 

El Archivo Histórico
Un archivo histórico es: “la unidad responsable de organizar, conservar, administrar, describir y divulgar la memoria documental”1  o, dicho de otra manera: “un conjunto orgánico de documentos transferidos de los archivos de concentración de los entes obligados, al considerarse inactivos por sus unidades orgánicas”.2

 

Entre sus funciones principales están las de validar la documentación que debe conservarse permanentemente por tener valor histórico; recibir los documentos con valor histórico enviados del archivo de concentración, organizar, conservar, describir; establecer programas para respaldar documentos históricos a través de sistemas ópticos y electrónicos así como estimular el uso y aprovechamiento social de la documentación. Aunque en realidad, a las funciones de difusión y uso del patrimonio parece restárseles la importancia que tienen, pero bien visto, es en éstas donde el Archivo histórico donde encuentra su razón de ser: de que sirve conservar organizados los documentos si no se habrán de disfrutar sino por unos cuantos individuos.

 

Hablando de la documentación histórica rescatada y organizada en el Estado, “el Archivo Histórico del Estado de San Luís Potosí Lic. Antonio Rocha Cordero, fue creado en el año de 1979 como una institución pública con personalidad jurídica propia, la cual tiene como premisa preservar y promover la riqueza histórica de nuestra entidad.”3 Su acervo está integrado por fondos documentales pertenecientes a instituciones oficiales estatales, así como de organismos tanto municipales como federales, los cuales se complementan con de colecciones adquiridas mediante donaciones de particulares.

 

Como todo archivo histórico que se aprecie de estar bien constituido, tiene un área de investigación, que debe realizar, fomentar las investigaciones regionales; un área de difusión que es responsable de hacer llegar al público dichas investigaciones pero también promover el conocimiento, apreciación y aprovechamiento del acervo;  y un área de consulta que , ciertamente, debe vigilar por la correcta manipulación de los documentos que se consultan en sala, pero también ofrecer una formación de usuarios suficiente y facilitar la consulta de documentos o información que estos requieran.

 

Deplorablemente, la valoración de la documentación histórica potosina, aún sigue en un rezago importante, no muy diferente al que sufre casi todo el país, pues hace falta una adecuada formación para que la población, comenzando por que las autoridades comiencen a interesarse por su riqueza documental. Sabemos que San Luís Potosí  cuenta con 58 municipios, sin embargo y a pesar de los esfuerzos realizados, no se ha rescatado ni siquiera  la tercera parte de estos.

 

En México, pocas instituciones y organizaciones han apoyado el rescate de archivos históricos, principalmente por la inversión que se requiere y los pocos recursos con los que cuentan la mayoría de los municipios, además de la falta de conciencia e importancia que las autoridades tienen respecto a la documentación histórica; la ignorancia les hace ver montones de papeles viejos en donde pueden encontrarse verdaderas joyas de carácter patrimonial.  Sin embargo existe un caso documentado en el Estado que fue apoyado por la ADABI (Apoyo al desarrollo de archivos y bibliotecas de México A. C.),4 Se trata del archivo histórico de Salinas del Peñón Blanco, que es un claro ejemplo de lo que se puede hacer cuando existe una adecuada apreciación del legado documental.

 

Existe otro ejemplo en el Estado de Chihuahua 1991-2008”5, en donde de los 67 municipios con que cuentan, se han logrado avances significativos, sin embargo se han necesitado muchas estrategias y apoyos para esta labor. Pero esto se logra cuando hay interés tanto de autoridades como de profesionales y sociedad por sus tesoros informativos que dan cuenta de  su ser y su historia. ¿De quién es la responsabilidad? ¿A quién corresponde concientizar a la sociedad respecto al valor de su patrimonio cultural?

 

Primera aproximación del estudiante al patrimonio documental.
Partiendo del hecho de que actualmente en las universidades tenemos como alumnos ciudadanos de la sociedad de la información, entendemos que existe un nuevo tipo de estudiante, globalizado, tecnificado y mediatizado, que muchas veces no alcanza a procesar y a hacer una apropiación individual de la información más elemental que recibe.

 

El estudiante universitario de hoy se encuentra posicionado frente a una pluralidad de recursos formativos en distintos soportes, en la que ya no es suficiente el modelo de Universidad y enseñanza tradicional de la exposición magistral en el aula, la difusión del libro y la lectura.  Nuestros alumnos del siglo XX viven circuitos culturales que implican un trastrocamiento sostenido en las dimensiones que conforman la vida cotidiana. El gusto por la lectura, la pasión por el descubrimiento y el respeto por las aportaciones clásicas pueden funcionar aún como adherencias lógicas en el cuerpo de conocimientos por apropiar, pero si hablamos de evolución educativa es necesario plantear una adecuación contextual tanto en modelos de enseñanza aprendizaje como en los recursos didácticos y las herramientas tecnológicas.

 

El estadio cultural actual supone cambios importantes en cuanto a nuestra concepción del mundo, con una divergencia substancial en las formas de percibir y apropiarnos de la realidad de hace cien años. El predominio de medios de comunicación masiva, el acortamiento de las distancias por la tecnología, los volúmenes de información que circulan frente a nuestros ojos, supone una modificación de nuestros estilos de vida. La aceleración del ritmo, la transitoriedad de la información y su inmediatez, así como  la desincronización entre nuestras expectativas y lo que se efectúa reflejan también una alteración en nuestra idea tradicional del tiempo. Es así como se genera nuestra pertenencia  a determinada cultura de masas y nuestro relativismo cultural.

 

La visualidad, desde mediados del siglo XX,  es el recurso formativo más recurrente. La televisión, el cine, el internet y la prensa ilustrada parangonan el triunfo de la imagen y la mirada sobre la palabra y el discurso. La saturación de imágenes con poco contenido informativo, pero también la disolución del límite ético entre lo que se supone privado o del dominio público, pero también determinan el ejerció del derechos ciudadano a la información y al disfrute de la cultura.

 

Las nuevas generaciones han desarrollado destrezas que los hacen más aptos para los productos culturales modernos: la navegación virtual, la apropiación de lenguajes a ritmos vertiginosos, la capacidad para entender un sistema de ventanas e hipertextos, entre otros. Pero estas nuevas habilidades y destrezas que los hacen competentes para desenvolverse en el mundo de las tecnologías de la información actuales, al mismo tiempo les genera incompetencia para acercarse a las realidades pasadas. 

 

Para aproximarse a la información histórica y al patrimonio documental el individuo debe de entrar en un proceso de desaceleración, en un nuevo dinamismo que le permita dejar atrás el ritmo de consumo, la multidireccional de la información y atender los procesos de lectura en el soporte papel, la información en lenguaje verbal y gráfico tradicional, que por siglos fue la única forma de trasmisión y apropiación del conocimiento.

 

Cuando hablamos de patrimonio  documental, necesariamente tenemos que hablar de bienes con carácter de legado y valor histórico. El patrimonio conformado por los bienes gráficos que testimonian la historia y la cultura de todo un conglomerado, que contribuyen a la forma en que es, que le identifican,  le distinguen y lo hacen diferente, aun cuando semejante, de otros conglomerados humanos. Como dice el historiador y archivista costarricense Rivas Fernández: “Lo que hoy somos, lo que nos identifica: es el producto de un proceso histórico que está constituido por el mismo patrimonio cultural y nos da nuestra identidad”.6 Entonces, cuando hablamos de patrimonio documental, nos referimos a todos estos bienes documentales producidos por generaciones, acopiados y celosamente resguardados en algunos casos, pero en otros, sobrevivientes de las vicisitudes del tiempo,  los elementos y sus circunstancias particulares.

 

Si logramos encontrar las maneras de leer e interpretar no solo los contenidos de documentos,  sino más allá,  la información que subyace en el soporte (papel, tela, piel, cuero, madera, etcétera), los colores, los signos, la caligrafía, los contextos, los formatos, la época, la intención, etcétera; solo entonces estaremos haciendo una lectura completa  y al mismo tiempo, generando una educación semiótica mediante la cual se puede leer e interpretar el mundo, tanto presente como pasado.  Este tipo de educación que procura elementos no sólo informativos sino formativos y que llevan a una aplicación reflexiva del conocimiento y al consumo consciente y pertinente, así como al uso responsable de la información. Justo el tipo de formación que se requiere para poder hacer una productiva aproximación al patrimonio documental.

 

Hay que destacar la importancia de la interpretación y la responsabilidad como características fundamentales, necesarias y suficientes, en el modelo ético-pedagógico que las universidades esperan construir. En realidad no se trata de preceptos nuevos, proceden de la historia de la vida universitaria. El problema radica en la adecuación al mundo actual. Se trata de mediar valores, actitudes, conocimientos y habilidades desde la lógica contextual propuesta.

 

Ahora bien, para el caso de quienes tienen que enfrentarse a la tarea de aproximar a los nuevos estudiantes homo videns a realidades ya inexistentes, a través de testimonios documentales antiguos, casi todos ellos verbalizados y en condiciones de franco deterioro, el problema radica en una cuestión de apreciación y valoración: ¿Cómo frenar el ritmo informativo tecnológico- visual  del estudiante para hacerlo entrar en este ritmo pausado de la documentación y su antiguo discurso?

 

Cómo se enseña el aprecio, cómo se inculca el sentido del respeto, del reconocimiento del valor, no es algo meramente cognitivo sino que tiene que ver con sistemas éticos y estéticos, pero también cívicos.  Dice un dicho popular que “de la vista nace el amor”. Tal vez sea así.  Quizás sea ese sentido visual el que sirva de entrada al proceso de apreciación del patrimonio documental. El sentido de la vista puede sensibilizar al estudiante respecto al patrimonio documental pero sin soslayar la importancia del discurso. Saturar los sentidos con experiencias visuales, auditivas, táctiles y olfativas respecto a la documentación para poder iniciarlo aproximarlo a la valoración  los bienes patrimoniales tangibles y su contexto, puede ser una buena opción para iniciar.

 

Si hasta ahora el patrimonio documental de México, que es inmenso, no ha sido suficientemente valorado por el estudiante y el público en general ha sido porque se desconoce. Se desconocen su existencia y su forma pero también, los recintos que lo albergan y las maneras de acceder a ellos. En vista de un plan y un proyecto de difusión insuficiente, el patrimonio documental ha sido ignorado por la mayor parte de la sociedad mexicana. Por supuesto, no se puede valorar si se desconoce y no se tienen los  suficientes elementos culturales para apreciarlo. Su aprovechamiento y disfrute es solo privilegio de unos cuantos: principalmente de investigadores y de quienes se dedican a su tutelaje.

 

Habría que matizar que el ciudadano común no goza del derecho a la cultura en materia del patrimonio documental sino solo de forma mediatizada. Es decir, los individuos no asisten a bibliotecas y archivos para consultar documentos históricos o libros antiguos, por el contrario, debido a la calidad patrimonial de estos bienes, las autoridades suelen restringir el acceso y lo reservan solo a unos cuantos investigadores. Este grupo selecto de profesionales elabora un camino de interpretación entre el patrimonio heredado y la sociedad.  Pero en realidad se ha generado un celoso secretismo sobre los documentos custodiados en archivos y bibliotecas, que impide el aprecio y disfrute de la sociedad  de sus propios recursos y patrimonio cultural. Por eso, el trabajo de investigadores y el de las instituciones como órganos difusores, debe estar adecuado a todo tipo de público para  infundir en el aprecio y apego a su legado documental.

 

En la universidad, profesores que tienen que referir a sus alumnos a la documentación patrimonial, se encuentran con la penosa realidad de que los alumnos, pese a estar inscritos en carreras cuyo objeto de estudio es la documentación o, de alguna manera su fuente principal de información, en toda su formación escolar previa no han tenido ni un acercamiento al conocimiento del patrimonio documental, ni siquiera una noción básica acerca de su existencia y sus derechos ciudadanos para su aprovechamiento y disfrute.

 

Sociedad, identidad, cultura y disfrute del patrimonio documental.
El objetivo de conservar patrimonio documental es guardar, para la memoria colectiva, los hechos relevantes y aspectos de la vida cotidiana del pasado común. Es decir, preservar para las generaciones información sobre sus orígenes e identidad. Estos documentos dan sustento al ser de una comunidad, de una sociedad; en el caso particular: de ser mexicano, ser potosino, o ser huasteco por ejemplo. Sin embargo, si se ignora su existencia o no se tiene la sensibilidad para apreciarlos en toda su riqueza cultural, difícilmente habrá un motor que impulse su rescate, su cuidado, su difusión y su aprovechamiento. En este sentido, las políticas culturales de México, de los que más adolecen es de programas de educación respecto al cuidad y protección de nuestro legado cultural.

Pese a que han existido algunos proyectos de políticas culturales unificadoras en el país, muchas quedan en buenas intenciones.  No se ha comprendido que el derecho ciudadano a la cultura y al disfrute de su patrimonio tangible e intangible, debe ser el eje de cualquier política cultural moderna, más allá de las modas o intereses particulares de grupos o individuos en el poder.  La política cultural de un país debe estar orientada a la  conocimiento son civilización y posibilidad de la participación del pueblo en sus procesos sociales de manera consistente. A mayor cultura, un pueblo con mayor conciencia ciudadana, libertad y participación.

 

Si este patrimonio pertenece, por  derecho de sucesión hereditaria, a un grupo social determinado, entonces, es el mismo grupo quien le asigna valor y lo atesora, pero a través de la tutela del estado. Es función y potestad de éste proteger y velar por el buen aprovechamiento de los bienes patrimoniales del pueblo gobernado. Está función administrativa implica una responsabilidad mayor tratándose de bienes insustituibles, cuya pérdida total o parcial, resulta irreparable.

 

Como bien señala Aurelio Tanodi: “El patrimonio documental está constituido además en la archivalía, es decir, los fondos documentales conservados en los archivos, sobre todo históricos, públicos, eclesiásticos y privados y en las colecciones documentales en posesión de las familias y personas particulares”.37 Cabe aquí la pregunta acerca del estado que guarda el patrimonio documental potosino, esa archivalía de la que nos habla Tanodi, cómo se protege, se preserva y se difunde en San Luís Potosí. Las historiadoras Isabel Monroy y Luz Carregha, con justa razón y conocimiento de casos dicen que: 

Aunque una buena cantidad se ha perdido por el desconocimiento de quienes los han producido o heredado, pues incluso han alimentado hornos de alguna chimenea industrial, mucho se encuentran a buen resguardo en archivos estatales, municipales, eclesiásticos y particulares. Sin embargo, no todos ocupan espacios adecuados para su conservación, y en algunos casos, amontonados y en desorden, sufren las consecuencias de estar expuestos a la humedad o al ataque de los roedores y otros animales.8

 

El patrimonio documental tiene su sede en los archivos, por lo tanto, la pasión que ponemos en la búsqueda de la verdad, se tiene que materializar en el cuidado de los archivos ya existentes, en la creación o reunión de nuevos acervos documentales, en la imaginación para encontrar y abrir acceso de documentos dispersos y muchas veces diseminados fuera del territorio nacional.9

 

Sin embargo, la mejor manera de preservar el patrimonio documental es que la sociedad, en su conjunto tome conciencia de la importancia de los archivos y los considere una parte muy significativa de su patrimonio cultural y por tanto asuma, conjuntamente con los encargados de los archivos y autoridades gubernamentales, la responsabilidad de su preservación.10 El interés por conservar la riqueza debe provenir y estar motivado por el conocimiento y el aprecio de ésta, pues si no se sabe que se tiene ni cuál es su valor no se emprenderá ninguna acción para su conservación.

 

El autor, García Canclini dice acertadamente que el problema del patrimonio cultural de México- su rescate, conservación, estudio, difusión y enriquecimiento- no puede desligarse del contexto mayor que define las relaciones entre pueblos y grupos con culturas diferentes.  Si por conservación y valoración del patrimonio cultural hemos de entender una movilización cada vez más amplia y consciente de la población para preservar y hacer uso del legado de objetos culturales que la historia ha puesto en sus manos, tal impulso y las acciones subsecuentes y  consecuentes sólo serán posibles en la medida en que logremos crear, conjuntamente, una firme conciencia del valor que representa la diversidad para superar entonces las divergencias, no mediante la uniformidad improbable sino a través de la solidaridad posible.11

 

En cuanto a la posibilidad de hacer converger en el estudiante actual su contexto tecnológico y su aprecio por su legado cultural, se trata de diseñar nuevas formas didácticas que aprovechen lo mejor de las nuevas tecnologías y aplicarlas a la experiencia sensitiva integradora que pueda motivar el conocimiento más profundo del pasado común, pero también aprovechar estos nuevos medios para la preservación de la memoria documental y para su difusión social. No se trata de hacer a un lado las tecnologías sino de incorporarlas a nuestros saberes para su mejor aprovechamiento en todas las áreas de conocimiento, incluso en las que tratan con vestigios del pasado.

 

Conclusiones
Con el establecimiento de un adecuado sistema de información de archivos históricos en el Estado de San Luís Potosí se podrá Analizar cuantitativa y cualitativamente el contexto histórico social y cultural del Estado, consolidar el sistema de información aplicando nuevas tecnologías. Establecer convenios de cooperación locales, nacionales e internacionales en torno al rescate, registro, organización, investigación, difusión y aprovechamiento de los acervos documentales del Estado.

 

Si se logra un sistema integral de archivos históricos, se verá favorecidos los responsables de la administración pública, los investigadores, los estudiantes, los educadores y la sociedad en general, pues a mayor conocimiento y civilidad mayor participación ciudadana. 

 

El retorno a nuestra cultura original, aun cuando sea a través de los documentos y testimonios históricos, necesariamente tiene que llevarnos a un redescubrimiento de nuestra identidad y, por tanto, a ver con una mirada nueva  los valores antiguos que de alguna forma subyacen y nos construyen, dejando una posibilidad de reintegración social.

 

Sobre la mesa de discusión queda puesto el problema: Cómo inculcar a los estudiantes de hoy el aprecio por el legado documental del pasado. Cómo conseguir que la sociedad reencuentre sus orígenes, su identidad y valores culturales aproximándose a fuentes antiguas. Cómo conseguir que las autoridades se concienticen de la necesidad de invertir recursos para la protección del patrimonio documental a través de sistemas de información profesionales que reporten beneficios reales a la sociedad en general. Si autoridades, investigadores, educadores, estudiantes y público general  unimos voluntades y resolvemos el problema, la sociedad actual y las nuevas generaciones se verán profundamente beneficiadas respecto a su legado cultural.

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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PEREZ MARTINEZ, Sofía. Abril 2008. El programa de rescate y organización de archivos históricos en el Estado de Chihuahua 1991-2008. Una revisión histórica. (En línea). (Consultado: 7 de julio de 2014). Disponible en: http://www2.uacj.mx/UEHS/ActividadesyNoticias/Archivos%20Hist[1].%201991-2008.02.08.pdf

 

RIVAS FERNÁNDEZ, José Bernal. “El patrimonio Documental”. ALA: órgano de comunicación de la Asociación Latinoamericana de Archivos. Núm. 12 (jul-dic.1991), pp. 18-21.

1 Profesor Investigador TC - SNI. Perfil PROMEP. Nivel IV. Doctor en Ciencias de la Información. Universidad Complutense de Madrid (UCM). Maestro en Bibliotecología y Estudios de la Información. (UNAM). Licenciado en Archivonomía. Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía. (ENBA). Más de 25 años de experiencia profesional. Autor y coautor de varios artículos y capítulos de libros nacionales e internacionales. Director de más de 45 tesis profesionales. Participación en eventos a nivel Nacional e Internacional. Fundador y Presidente de la Asociación de Archivistas Profesionales de México, APMEX, A. C. 2004.

2 Doctora en Ciencias de la Información. Universidad Complutense de Madrid (UCM). Profesor Investigador TC. Perfil PROMEP. Nivel VI. Licenciada en Bibliotecología y estudios de la información (UASLP). Directora de la Escuela de Ciencias de la Información. Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Coordinadora del Diplomado Virtual en Documentación Audiovisual 2011. (UCM), (UASLP). Autor y coautor de varios artículos y capítulos de libros nacionales e internacionales. Participación en eventos a nivel Nacional e Internacional.

3 TANODDI,  Aurelio. Programa de conservación de patrimonio documental. Córdoba, Argentina. Centro interamericano de archivos., 1984.  p. 1

1 MEXICO. LINEAMIENTOS GENERALES PARA LA ORGANIZACIÓN Y CONSERVACIÓN DE LOS ARCHIVOS DE LAS DEPENDENCIAS Y ENTIDADES DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA FEDERAL. INSTITUTO FEDERAL DE ACCESO A LA INFORMACION. (En línea). (Consultado: 6 de julio de 2014). Disponible en: http://inicio.ifai.org.mx/MarcoNormativoDocumentos/lineamientos.pdf

 

2 MÉXICO. LEY DE TRANSPARENCIA Y ACCESO A LA INFORMACIÓN ADMINISTRATIVA DEL EDO DE SAN LUIS POTOSÍ. (En línea). (Consultado: 18 de junio de 2014). Disponible en:

http://www.uaslp.mx/Spanish/transparencia/normativa/Documents/75_Ley_Transparenciaslp.pdf

 

3 ARCHIVO HISTORICO DEL ESTADO DE SAN LUIS POTOSI. (En línea). (Consultado: 6 de julio de 2014). Disponible en: http://prezi.com/81_ovhhfrwnb/las-colecciones-fotograficas-del-archivo-historico-del-estad/

 

4 APOYO AL DESARROLLO DE ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS DE MÉXICO. ADABI. (En línea). (Consultado: 6 de julio de 2014). Disponible en: http://www.adabi.org.mx/content/lateral/informes.jsfx

 

5 PEREZ MARTINEZ, Sofía. Abril 2008. El programa de rescate y organización de archivos históricos en el Estado de Chihuahua 1991-2008. Una revisión histórica. (En línea). (Consultado: 7 de julio de 2014). Disponible en: http://www2.uacj.mx/UEHS/ActividadesyNoticias/Archivos%20Hist[1].%201991-2008.02.08.pdf

 

6 RIVAS FERNÁNDEZ, José Bernal. “El patrimonio Documental”. ALA: órgano de comunicación de la Asociación Latinoamericana de Archivos. Núm. 12 (jul-dic.1991), pp. 18-21.

 

7 TANODDI,  Aurelio. Programa de conservación de patrimonio documental. Córdoba, Argentina. Centro interamericano de archivos., 1984.  p. 1

 

8 MONROY; Isabel y CARREGHA, Luz. San Luís Potosí, patrimonio natural y cultural. San Luís Potosí, Gobierno del Estado de San Luís  Potosí, 2006, p. 219

 

9 RIVAS FERNÁNDEZ, Op. Cit

 

10  Id.

 

11 GARCÍA CANCLINI, Néstor. “Por qué legislar sobre industrias culturales”. Nueva Sociedad, núm. 175, septiembre-octubre de 2001. pp. 9-20.

 

 

 

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