LAS INSTITUCIONES ARCHIVISTICAS

Publicado el: 25/10/2011 / Leido: 9955 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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LAS INSTITUCIONES ARCHIVISTICAS

VICTOR HUGO AREVALO JORDAN

Todas las instituciones requieren de información permanente, este concepto es entendido en todos los niveles de las organizaciones. El almacenamiento de la información en los sistemas de archivos, es consecuencia lógica de este entendimiento. Entendimiento y consecuencia, se tornan perjudiciales si no se estudia como una problemática completa y global en la gestión institucional. La información, fijada primero sobre soportes de uso administrativo, y luego conservada en los archivos de las instituciones, erróneamente no se traduce como recurso de conocimiento.

Las distintas consideraciones que se tienen sobre la administración de documentos, si se tienen, carecen de espontaneidad y relativa facilidad sobre temas de recuperación de información y actualización. Ignorar esta situación lleva a situaciones económicas desfavorables, lamentablemente no perceptibles por los medios tradicionales de contabilidad y administración.

Administración, Organización e información, son tópicos inaprehensibles por su naturaleza dimensional e intangible. No obstante, es necesario considerarlos en primera instancia, sobre todo cuando se trata de investigaciones actuales sobre eficiencia Institucional.

Paradójicamente, el desarrollo de la tecnología agrega otro aspecto negativo, consistente en el detenimiento sobre detalles secundarios, que encubren problemas de fondo no identificables en primera instancia.

La comprensión de la conducta de la información y de los documentos de distinta clase, corre el riesgo de estar confundida en esquemas simplificadores de la organización.

Con el advenimiento del desmesurado desarrollo tecnológico, nos lleva a esquemas informáticos simplistas, que no son una solución adecuada para organizar los sistemas de información.

La Archivología, nace como una necesidad de sistematizar y establecer un orden, sobre los documentos producidos por las instituciones y el quehacer humano. Los archivos, denominados también tesoros en la antigüedad, fueron las primeras instituciones que conservaron y resguardaron los derechos adquiridos.

La historia del archivo, íntimamente ligada a la historia del documento y de la escritura, nos demuestra que en la antigüedad fue un privilegio real y sacerdotal. En la Edad Media los archivos pertenecían casi exclusivamente a los conventos y a los señores feudales.

En la Edad Moderna, que prestamos especial atención por ser la época en que se asientan los conocimientos, gracias a la aparición de la imprenta, fenómeno que divide definitivamente las funciones del bibliotecario y del archivero, lo cual permite afrontar las tareas y especialización del quehacer archivístico.

La Archivología contemporánea, dicta las normas para la organización científica de los archivos y sus documentos, transformándose así, en un complejo cuerpo de conocimientos englobados en su carácter científico.

Como consecuencia de este desarrollo, se fundaron escuelas de Archivología de un nivel superior e ingresaron en el campo laboral los Archiveros diplomados, con la misión de servir y salvaguardar los documentos que constituyen el patrimonio documental. Y no se limita ahí.

Consideremos también que la explosión documental es una realidad, lo cual permite el desarrollo de nuevos soportes, nuevas formas de transmisión de la información, modificándose inclusive, los tiempos reales.

Para entender mejor la problemática de la Administración y de la Organización, es necesario ampliar el concepto de la Institución, que el diccionario la entiende por Cosa establecida o fundada, Órganos constitucionales del poder soberano de la nación, y en su parte menos conocida, como colección metódica de los principios de una ciencia. Con la finalidad de comprender mejor a la Institución Archivística, la entendemos como el conjunto de normas, órdenes, acuerdos públicos y privados realizados en una sociedad que se traducen en Instituciones Archivísticas y cuyo fin es salvaguardar los testimonios de los distintos actos consuetudinarios o no, como memoria de ellas mismas.

"A pesar de una prolongada tradición milenaria como conjunto de técnicas instrumentales, la existencia de una Ciencia Archivística independiente no aparece como evidente. Para que ello sea posible es necesario contar con una Problemática propia, un conjunto de cuestiones o planteamientos teóricos que jalonen y sirvan como punto de referencia. En unos años se puede hablar de eclosión. Se ha producido un desarrollo extensivo e intensivo, especialmente en el campo de la administración y la información, la Archivística se integra paulatinamente en curriculum y planes de estudio y formación."[1]

Históricamente los archivos como Instituciones Archivísticas plantean cuestiones que despierta el interés de la sociología, considerando sus orígenes y su naturaleza, si son artificiales, productos de la repetición, o si responden a un orden natural, universal.

La Institución Archivística se instaura, como respuesta y reconocimiento a un acuerdo social, consolidado por leyes producidas por aquellos en condiciones de producirlas, y su preservación que se cumple por dos vías, primero por la tradición, la reiteración convencional y el ritual de su actualización; y segundo por el grado de conservación de la memoria, mediante documentos debidamente almacenados en repositorios. Los archivos se constituyen en la garantía y fundamento del pasado.

"Las primeras obras que estudiaron temas relacionados con el material archivístico y las tareas de archivos fueron escritas por juristas del siglo XI[2]. Sin embargo, las primeras afirmaciones generales sobre la naturaleza de los documentos y sobre las obligaciones de los responsables de su creación y custodia pueden encontrarse en la legislación de la antigua Roma[3]. En algunas secciones del Código Justiniano, hay enunciados referidos a objetivos y modo de crear y preservar documentos, que han permanecido en el núcleo de la teoría Archivística durante siglos, desde entonces."[4].

La naturaleza de las Instituciones Archivísticas se reconoce por su origen asociado a su finalidad, sea religioso, social, político y su mantenimiento ritual y pedagógico. Las leyes y costumbres se distinguen como un orden establecido por otros y respetado por conformidad ideológica con ellas. En el primer caso, regula nuestro comportamiento aparente, mientras los hábitos y modalidades de relación acordadas, casi implícitas, que regulan nuestro comportamiento interior aparecen reforzados por las costumbres. Las leyes y las reglas, para el pensar clásico, seguían a las costumbres, si bien luego contribuían a reafirmarlas.

Entre esos enunciados se halla la definición de Archivo, como "el lugar donde se depositan los documentos públicos"[5], también "allí permanecen incólumes y pueden ser encontrados rápidamente por quienes buscan"[6], asimismo se puede preservar la memoria perpetua de "los actos que relatasen[7]. La razón por la cual los conceptos legales de Roma tuvieron una gran influencia en el pensamiento archivístico de Europa y desde allí a alcanzaron a otros continentes fue que eran enseñados, desde 1158, en todas la facultades de derecho a los juristas y notarios que las sobrepusieron a todos los sistemas legales de sus respectivos países a modo de "ley común", esto s de armazón básico del que cada legislación nacional recibió orientación y sentido[8]. Las ideas de que la antigüedad otorga a los documentos máxima autoridad[9]; de que depositar un documento en un lugar publico garantiza su confiabilidad como testimonio de acciones y de que la custodia ininterrumpida aseguraba la autenticidad del documento llegaron a constituir parte del conocimiento archivístico y así quedaron hasta nuestros días porque estaban encarnadas en el derecho Romano[10].

Todas las conductas humanas tienden a ritualizarse y casi todas aparecen como institucionalizables. La sociología con Durkheim toma a las Instituciones como cosas, y proclama que el objetivo de su ciencia no es la de interpretar sino mas bien la de constatar las leyes que gobiernan comportamientos casi constantes. Aun cuando no debe excluir comportamientos no constantes y relevantes. La Institución Archivística se percibe como un marco de actuación y como límite restrictivo que actúa con fuerza y autoridad moral, basado en la convicción del valor de la misma, en el consenso y en el respeto.

Las Instituciones Archivísticas que gozan de consenso generalizado y perdurable son las auténticas y respetadas, percibiéndose su carácter restrictivo como aceptable en tanto derivamos de su cumplimiento satisfacción moral. Durkheim destaca el carácter autónomo de las Instituciones, que reflejando un cuadro de leyes nos rigen preexistiendo y perpetuándose a nuestra propia existencia. Tal es el caso de los archivos, más allá de tal o cual sistema archivístico, refleja acuerdos casi míticos. Las restricciones son percibidas como autónomas y se ejercen con eficacia, en la medida de su asunción como internalización individual en el proceso de socialización y por sobre todo reflejan las necesidades y aspiraciones de los individuos a los cuales las Instituciones Archivísticas enmarcan; pero también les permiten expresarse. La fuerza de una institución y sus limitaciones están en relación directa con el aporte individual que depende de la adhesión a los valores que la sociedad y la cultura expresan en ella por correspondencia con las aspiraciones e intereses del sujeto-individual.

Pero la mayor fuerza deriva de la legitimidad y el valor pedagógico de la institución, vale decir de su percepción como válida y su capacidad de persuasión. No todo es institucionalizable en una cultura y sociedad moderna industrial, sociedad móvil y contestataria por excelencia. Cuando una serie de relaciones sociales y atributos propios de un conjunto de personas poseen un cierto grado de congruencia podríamos y podemos decir que constituyen una institución.

Así los atributos del clero durante siglos o de los militares por milenios basados en el rol ocupado por su función en la sociedad, la retribución real y simbólica y su particular educación, eran percibidos, reconocidos y aceptados como específicos a una determinada jerarquía social, por lo que la Iglesia de cualquier religión y las fuerzas armadas podían reconocerse como Instituciones y de alguna forma, han imprimado el carácter de las Instituciones Archivísticas, más antiguas aun.

Las grandes Instituciones son las de un origen mítico y que se proyectan en la historia; como la escuela, nacida del deseo-necesidad de saber, el teatro nacido del deseo-necesidad de expresión y comunicación, los archivos nacen del deseo-necesidad de custodiar los actos, importantes y cotidianos de los ciudadanos.

Toda relación social institucionalizable supone un rol y un agente actor que lo ejerza frente a otros según normas y reglas prefijadas que reclaman reciprocidad. La escuela nace de una persona-docente que tiene algo que transmitir y algunas personas-alumnos que reconocen la significación de ello.

Las Instituciones requieren de una permanente motivación, acciones recíprocas, que no siempre se traducen como igualitarias. Parece suficiente un mínimo de coherencia para que exista una perdurabilidad, pero por sobre todo una participación compartida. En los archivos el archivero puede conservar, ubicar y transmitir documentos e información; pero, sin la voluntad y participación del usuario. El usuario es potencialmente un factor determinante del trabajo archivístico, pero su presencia es posterior a acto de archivar.

Las Instituciones Archivísticas son productos del acuerdo de partes, actos de fe común de una comunidad. Existe una vida contemplativa, una vida activa y una vida poética. Estas tres modalidades también se ven en la institución que generamos. Paralelamente, los edificios públicos en los que se desarrollan los archivos de mayor interés, son síntesis de vida contemplativa y de vida activa.

Un Archivo es, para quien entre, una meta: pero además es un punto de partida de otro proyecto, de otra experiencia posterior. Quien entra en una archivo no sale igual que cuando entró: como todo acto de revelación, se torna poético. Esto es así porque tomamos en cuenta que toda información modifica de una u otra forma al individuo que la acepta o percibe.

Todo edificio, cuando hablamos de Archivonomía, debe captar el espíritu de su institución y debe erigirse en un verdadero centro, debe ser explicativo de su propia existencia. Si ingresamos en un archivo, debemos entender qué es lo que ese cosmos nos explica del sentido de nuestra existencia, de nuestra vida. Esto debe suceder con cada edificio publico que alberga, que "encasa" una institución. Sólo de esa forma una obra puede ser relevante.

Los patrones de Organización de las Instituciones Archivísticas están dados sobre la base de:

una configuración formal, estructurante y organizada, y

una Organización espacial, archivonómico.

Por lo tanto, nos referimos a los aspectos:

morfológicos,

topológicos y

tipológicos.

Las Instituciones Archivísticas manifiestan un grado de estructuración, que está sustentado por los principios básicos de Organización interna, como estructura documental, y externa como estructura administrativa.

Una de las modalidades más significativas del pensar archivístico lo constituyen sus procesos proyectuales. Nos referimos a ellos para luego ver los condicionantes más amplios del pensar en un archivero, a través de su hacer y pensar.

La enseñanza de la Archivística se propone y se erige, en rigor, como la enseñanza de un proceso proyectual. Los archivos no pueden identificarse en un mismo proceso creativo de archivos y de conformación, exponemos las razones:

1.- cada archivo está dotado de creatividad propia, vale decir:

de una personalidad distinta,

de una formación cultural determinada,

de una imagen propia de su status

de una imagen total en las interrelaciones que varían constantemente,

2.- cada archivo maneja un cuerpo teórico e ideológico diverso que frente a requerimientos de la institución y la sociedad, produce distintas respuestas.

Todos estos aspectos son condicionantes de la secuencia de decisiones que definimos como proceso proyectual.

Uno de los elementos fundamentales es, el status profesional, es decir la imagen que se tiene del archivero a través del tiempo. Si tomo el momento inicial, en él el usuario y el archivero coincidían: si vamos a una comunidad primitiva, usuario y archivero son la misma cosa: no hay distinción entre ellos.

"Aunque necesariamente no se dejaba de lado el suministro de información a los servicios administrativos, ante todo se trabajaba con miras a facilitar la investigación histórica, aún era frecuente que algunos archivistas cedieran a la tendencia de conceder favor especial en su trabajo profesional a los documentos relacionados con sus investigaciones personales, encubriendo, de tal modo, el aspecto cultural mas general de su misión."[11]

En sociedades mas desarrolladas empiezan a definirse niveles de especialización en que aparecen artesanos con cualificación particular, que los toma capaces de abordar el tema archivístico; y haciendo un gran salto histórico pasamos al archivero - idóneo quien es ya muy distinto del usuario, es un especialista dotado de una autonomía y suficiencia propias.

"Es evidente que en el lapso de una generación, las cosas han evolucionado notablemente. No hace mucho tiempo los archivistas de la mayor parte de los países europeos, fieles a la concepción que lentamente se había elaborado en el curso del siglo XIX, estaban de acuerdo en querer ser, ante todo, si no exclusivamente, historiadores y en considerar sus depósitos como centros de conservación de fondos de archivo de valor permanente al servicio de la investigación histórica. Sus relaciones con la administración pública eran juzgadas como secundarias y en muchos casos, las iniciativas de entrega y de eliminación se dejaban al arbitrio de las entidades administrativas. En muchos países los documentos no llegaban a los archivos sino después de plazos mas o menos largos (cien o cincuenta años) como Alemania, Bélgica, los Países Bajos, etc. Los documentos antiguos eran tratados con privilegio en comparación con los papeles contemporáneos, y los inventarios y ediciones de documentos medioevales gozaban de elevado prestigio a los ojos de los archivistas paleógrafos diestros en las técnicas de la erudición."[12]

Pero ese archivero - idóneo sufre una evolución y pasa a ser archivero - técnico, archivero - profesional. Es decir pasa a ser una serie de personalidades a lo largo de la historia.

“De otro lado, algunos estados que no contaban con fondos de archivos ni tan antiguos ni tan ricos fueron montando servicios de archivo con vocación administrativa acentuada. El personal de estos servicios, carente de información histórica, era reclutado en los cuadros de funcionarios de la administración, o entre bibliotecarios y documentalistas, y luego entrenado específicamente para asegurar la documentación de las autoridades.

En estas condiciones cabría preguntarse si no se hallaba próximo a un divorcio entre dos concepciones del oficio del archivista; entre la del archivista historiador, ajeno a la administración, y la del archivista administrador sin verdadera perspectiva histórica.”[13]

El advenimiento de la revolución industrial permite visualizar con mayor claridad cómo empiezan a dividirse los oficios, qué grado de especialización y estabilidad tienen y cuán racional ha de parecer esta imagen que el profesional tiene de sí mismo y al mismo tiempo cuál ha de ser el papel social de este momento determinado.

"Esta vitalidad produce una dispersión y parcelación en corrientes múltiples. Falta acuerdo sobre el objeto, los métodos, la finalidad, la propia terminología... Por otro lado, la "mundialización" o universalización de las cuestiones teóricas, íntimamente vinculada a lo dicho, produce a su vez una difícil comunidad científica, al quedar la Archivística parcelada en elementos cuya asimilación pretenden sectores de especialistas diferentes (documentalistas, administrativas, historiadores...) La incertidumbre que se vislumbra puede estar motivada, o bien por una presumible juventud de la ciencia como tal, que no ha conseguido aún diseñar sus propias problemática y metodología, o bien por una particularidad del objeto estudiado habitualmente. Esta segunda parece ser la causa real. Porque, si bien es cierto que la Archivística a duras penas se emancipa de otras ciencias tan antiguas como ella hasta hace unos años; ciencias que tienen autonomía propia desde el siglo XIX (la historia y el derecho administrativo, por poner unos ejemplos), es no menos cierto que el trabajo diario resiste, es casi antinómico, a la reflexión científica."[14]

La revolución industrial, produce un cambio total en el panorama de las Instituciones afectando incluso a las Archivísticas, se modifica el panorama de la ciudad, donde se consolidan las sociedades, aparecen los poderes de “imperium” al decir de Lodolini, expandidos y el gran capital monopólico en el plano económico. En cualquier latitud del mundo: los profesionales son llamados a actuar en las mas diversas latitudes. Es notable el surgir de figuras y actitudes progresistas, la imagen del profesional se acentúa, de modo que las fuentes de inspiración, para diferenciarse en la toma de decisiones, se remiten mucho mas a la literatura y a la historia que al campo del pensamiento que la nueva tipología ha producido. Nos enfrentamos ante la construcción de una problemática propia.

“Las técnicas nacidas a la par que la archivística y sobre un universo teórico de referencia similar han adquirido, si bien recientemente, un estatuto científico propio. Han delimitado su problemática. Una paleografía descriptiva y como tal estéril, ha dado paso a la historia de la escritura como vehículo de organización social, de cultura y de poder, de la mano de la escuela italiana. La puesta de relieve de la historia del notariado frente al estudio descriptivo de las cancillerías, o de los primeros pasos de la codicología cuantitativa, son algunos aspectos relevantes de estos desarrollos científicos nuevos.”[15]

La problemática sobre cuyo estudio se fija la archivística está compuesta por los tópicos siguientes:

1. Como denominador común a varias disciplinas, se plantea el paso de la oralidad a la escrituralidad, valgan los términos; del uso de la fonética como comunicación, al uso de instrumentos escriptorios y soportes materiales, permitiendo agruparlos como escritura en primera instancia, posteriormente como intencionalidad, y por último como acto jurídico - administrativo. Esto nos permite acercarnos a la apropiación de la escritura como medio de información, comunicación y testimonio, considerando sus derivaciones posteriores como la reprografía, y las necesidades sociales que conllevan a una difusión y dispersión de lo escrito bajo formas nuevas.

2. El desarrollo de las formas jurídicas traducidos en una legislación y reglamentación, no solo de los archivos como sistemas, sino también del sistema del derecho, que se apoya y que apoya en el uso de documentos. Normalmente se considera que la asignatura de Legislación en la enseñanza archivística, debe considerar y apuntar a una tentadora normativa comparada de distintas áreas geográficas, cuando corresponde conocer todos los actos jurídicos que complica el tema de los documentos, conformando así uno de los tópicos teóricos.

3. El desarrollo de estructuras políticas centralizantes con las distintas formas de aparición del Estado y correlativamente de la Administración, generando estructuras independientes y expansivas; las mismas que permiten aproximaciones teóricas sobre la gestión documental; tomando en cuenta que la producción documental tiene total dependencia de la estructura institucional.

4. Las técnicas documentales empleadas para los sistemas de almacenamiento y uso de documentos, históricamente fundamentadas, tomando en cuenta como principales la clasificación, ordenación y descripción y considerando conceptos desde los orígenes de la escritura, hasta la incorporación de sistemas basados en la electrónica.

5. El empleo de testimonios escritos, como factor inicial en el desarrollo de la investigación general, tomando como preferencia la social. Apuntando a la evolución del pensamiento científico y su filosofía. Este aspecto se presenta con una mayor comprensión, cuando se trata de archivos de instituciones antiguas.

6. La síntesis temática y otros aspectos auxiliares, de manera interdisciplinar, permite construir una ciencia propia, que es alimentada por los aportes de otras, a saber: la antropología y la paleografía; la historia del derecho y de la administración; la sociología del derecho, de la administración y del poder; la semiología y la crítica textual; las ciencias de la documentación y la información; la historiografía y la filosofía de las ciencias, etc. El reto consiste entonces en la elaboración de una síntesis propia.

A partir de éstas reflexiones, se aborda el desarrollo de la archivología.[16]

La evolución que sobre todos estos puntos se ha producido es muy notable, y parece indispensable subrayarla, desde las líneas iniciales de este informe. El archivista de hoy, sin dejar de considerarse al servicio de la historia, ha establecido o restablecido, vínculos particularmente estrechos con las entidades de donde emanan los documentos, adelantándose en ocasiones a los documentos mismos. Además ya no se limita exclusivamente a los documentos escritos, ni sólo a la documentación de origen público, ni siguiera a la que parece de valor permanente. Una nueva concepción de archivos totales se ha abierto camino, y el archivista de los tiempos presentes se ha hecho público, el mas extenso posible, el caudal creciente de las riquezas que se le confían y asegurar su total explotación.[17]

Esto genera, de alguna manera, una diferencia entre el saber del estado profesional y el saber profesional aportado por la tecnología contemporánea.

"La situación en Francia es la misma: allí la recolección de documentos contemporáneos se hace con la perspectiva lejana de conservar todo material útil para la investigación. Bajo una formulación diferente, la respuesta italiana no se aleja mucho de esta concepción: pues, si bien es cierto que insiste - al igual que los países escandinavos - en la unicidad de esencia de los documentos de archivo, ya sean conservados en la oficina o llevados a los depósitos, no por ello deja de definir al archivista, antes que todo, como un "investigador científico". En cuanto a los archivistas rumanos, ellos recuerdan, en su respuesta, que la legislación de su país se señala a sus archivos "fines científicos y culturales - educativos"."[18]

Aparece además la figura del académico, que es también fuertemente conservadora. El Movimiento Moderno se explica precisamente en la concreta valoración del saber técnico y científico. Por oposición a la del archivero del siglo XIX, actitud opuesta a la conservadora que caracterizaba a su oficio, se renueva la imagen del archivero, aceptado por el mercado y juzgado original a través del romanticismo, y por otro lado, contempla polémicamente la actitud académica que quiérase o no, no deja de ser conservadora, y además acrítica. El eclecticismo, que pretende conciliar las doctrinas que parecen mejores o más verosímiles, no tiene una actitud reflexiva, crítica y científica, que el Movimiento Moderno requería. Este Movimiento aspirará a esto mas un compromiso con la realidad, con las demandas de sociedad reclamará una actitud crítica frente a la sociedad y la elaboración de un pensamiento, de un saber nuevo que esté cargado de una actitud racional.

A la formulación del conocimiento del Movimiento Moderno contribuyen diversas figuras. Unifica la necesidad de inscribirse en un proceso industrial, a la de producir formas que realmente aporten, que asimilen e incorporen los procesos productivos, propios de la revolución industrial, al mismo tiempo que hace una re-definición del perfil profesional, prácticamente centralizado en la eficiencia técnica y en la capacidad de responder con tal saber, la intervención no del individuo solo sino el trabajo en equipo; una modalidad totalmente nueva e insólita dentro del panorama de la historia de la archivología.

"Son pues razones de regularidad en las entregas; razones del clasificación de los legajos en forma que permita su adecuado tratamiento ulterior en los archivos; en fin, razones de facilidad para la eliminación, las que, cada vez más, persuaden a los archivistas de la necesidad de establecer, lo más pronto posible, su control sobre los documentos, y así han llegado a reivindicar un derecho de supervisión delos "archivos en formación". Pero desde el punto de vista de la doctrina Archivística importa mucho preguntarse en qué momento o estado de esta formación puede o debe intervenir el archivista."[19]

Aparece por ejemplo, la imagen del archivero que vale por su obra proyectual. Los profesionales no trabajan en condiciones ideales, sino en relación de dependencia: generalmente en oficinas públicas. Y sin embargo, generalmente tienen todo el mito y meta profesional de dadores de formas e interpretan y viven como sustentadores de roles técnicos, administrativos y de gestión. Sin entender que el efectivo rol que atraviesa el cuerpo global de la profesión es la de activistas sociales y culturales en cualquier tarea.

"Aceptemos que el archivista debe tener el derecho a conocer el proceso de nacimiento de los documentos. Pero así y todo, nos preguntamos, si también le corresponde el deber de extender su interés hasta su fase prenatal.

De nuestra parte creemos que los archivos no están llamados, bajo ninguna forma, a absorber los servicios de organización y de métodos que, bajo nombres diversos, existen en la mayoría de los países, a los cuales corresponde la función pública o las reformas administrativas. Se trata de dos profesiones netamente diferentes, así tengan fronteras comunes. Creemos que es altamente deseable establecer una colaboración más estrecha que la hoy existe entre los servicios administrativos y los archivos. Pensamos, sobre todo, que la voz de los archivistas debe escucharse en el seno de las diversas comisiones competentes en materia de métodos administrativos. Ir más allá sería desbordar la misión propia de los archivos."[20]

Esta imagen, este status, esta personalidad del archivero, tiene una influencia determinante en la toma de decisiones del proceso proyectual y en la forma de tomar estas decisiones.

Teóricamente hay que encontrar un equilibrio entre un técnico eficiente que responde con rigor a los problemas que le son planteados, con profesionalidad, y la calidad propia de un intelectual que es la de cuestionarse la naturaleza de su hacer.

Para ello hay que hablar sobre la inteligencia. La inteligencia se define fundamentalmente por los oficios redituables de una sociedad. Pareciera que a medida que se aporta, desde un rol y un compromiso a una conformación de la cultura, se empieza a adquirir un rango de mayor jerarquía.

"Definiremos un depósito de archivo, ante todo, como un establecimiento de carácter científico, encargado de funciones administrativas. En efecto, parece difícil separar este doble aspecto que representa las dos caras de una misma institución. La posición húngara, a este respecto, es bien clara. Otros, sin embargo, (Francia, Rumania y Yugoslavia principalmente), desearían completar esta definición con una referencia a la función cultural - educativa de los archivos. Nuestra opinión es la de que esta función, por importante que sea, debe considerarse como secundaria o derivada de la vocación científica de los archivos."[21]



[1] F. Borja de Aguinagalde. Presentación. Responsable de Patrimonio Documental. IRARGI. REVISTA DE ARCHIVISTICA, Año I, Núm. 1, Administración de la comunidad de EUSKADI, Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco, Vitoria, Gasteiz. 1988.

[2] SANDRI, L. La storia degli archivi. En Rassegna degli Archivi di Stato. A XVIII(1), 109 - 134. Ene - ab. 1958. Llamada en DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[3] LODOLINI, Elio. Lineamenti di storia dell’archivistica italiana. Roma, La Nuova Italia Scientífica, 1991, p. 44. Llamada en DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[4] DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[5] JUSTINIANO. Corpus Juris Civilis, Digesta 48, 19, De poenis, 9. Ha de recordarse que, con excepción de las Novellae, esto es, las leyes promulgadas por Justiniano, las otras tres partes son compilaciones de leyes romanas anteriores y de opiniones de jurisprudencia. También hay que destacar que la categoría “documentos públicos”, en la Antigua Roma, incluía los documentos producidos por personas privada que eran registrados en una oficina pública (tal como algunos tipos de contratos). Llamada 4 en DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[6] Ibid., Novella 15, De defensoribus civitatum, 5. Llamada 5 en : DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[7] Ibid., Codices I, 4, De episcopali audientia, 30. Llamada e en: DURANTI Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[8] DURANTI, Luciana. Medieval Universities and Archives”, en Archivaria 38 (summer 1994). Llamada 7 en: DURANTI Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[9] TERTULIANUS, QSF, Apologeticum, XIX,1. Llamada 8 en: DURANTI Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[10] ACCURSIUS “Additiones summae azonis, glossa ‘archivum’”, en Azonis summa super codicem. Turín, Augustae Taurinorum ex Officina erasmiana, 1958. Llamada 9 en: DURANTI, Luciana, CIENCIA ARCHIVÍSTICA. Traducción de Manuel Vázquez, Córdoba (Argentina), 1995 p.2

[11] F. Borja de Aguinagalde. Presentación. REVISTA DE ARCHIVISTICA, Responsable de Patrimonio Documental.

[12] BAUTIER, Robert Henri. LA FUNCIÓN DE LOS ARCHIVOS; LA MISIÓN DE LOS ARCHIVOS Y LAS TAREAS DE LOS ARCHIVISTAS, (Proceedings of the 11th and 12th International Conferences, of the Round Table of Archivists, Bucarest 1969, Jerusalem 1970, 1972) En La Administración Moderna de Archivos y la Gestión de Documentos: El Prontuario RAMP. París, Diciembre de 1985. pag. 1.

[13] Id. Prontuario. Pag. 2.

[14] Id. Presentación.

[15] Ibid. Presentación.

[16] Si bien la propuesta que se hace bajo el modelo de Aguinagalde, trata de contemplar una situación netamente archivística, no deja de ser discutible, lo cual nos plantea solo una problemática que es perfectible en la medida que se desarrolla.

[17] Ibídem. Presentación. (Comprobar)

[18] Ibídem. Presentación. (Comprobar)

[19] Ibídem. Presentación. (comprobar)

[20] Ibídem. Presentación. (comprobar)

[21] Ibídem, Bautier, pag. 4

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