Algunos hitos sobre la fortuna científica de la “Descripción” del P.Eder

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Presencia literaria 5 de septiembre 1982, Pág. 2, col. 5-8

Algunos hitos sobre la fortuna científica de la “Descripción” del P.Eder.

Por José M. Barnadas.

Hemos dejado al P. Eder en el momento de su muerte en la ciudad Slovaca de Banska Bystrica, en 1733. En su legado literario (pues siendo religioso, no contaba con otro), figuraba el codiciado manuscrito de su extensa obra  sobre el mojos lejano de sus años de mayo actividad misionera. No sabemos la fecha exacta en lo que lo termino; pero dando por supuesto que lo escribió en su tierra natal aquella a de situarse forzosamente m1769 y 1773. El destino del manuscrito quedó condicionado por un hecho doloroso que Eder ya no llego a vivir: habiendo muerto en abril, en julio el papa Clemente S XIV decretó la supresión de la compañía de Jesús. Los religiosos supervivientes pasaron a vivir como sacerdotes seculares particulares; pero de sus papeles nadie debió preocuparse en aquellos momentos de desbarajuste y apasionamiento.

Bien es verdad que en el imperio austriaco no llego a los excesos de Rabies antijesuitica de las monarquías latinas: allí la Emperatriz Maria Teresa, conocía muy bien la cualidad intelectuales de aquellos religiosos y supo aprovecharse de ellas para las instituciones educativas, culturales y científicas del estado (1).

Según nos cuenta quien actuó de albacea literario, él abad (o Abate) y consejo real y Makó según Vargas Ugarte habría sido un cofrade de Eder en la compañía) Eder se puso a escribir sin orden ni plan sobre sus conocimiento y experiencias americanas por consejo de sus amigos (“ista, quae nunc in lucem damus hortatus amicorum dispersim, ut in memoriam res unaquaeque redibat conscripsit”); aparentemente no pretendía una edición formal; lamentándolo y creyendo merecer los honores de la imprenta, Makó se dedicó ya muerte Eder- a sistematizar los escritos por el amigo (“id dedi operam ut cuae ille at chartam nulla certa lege congecit, in ordinem redigerem, illustrarem et, cuantum res ferebant, expolirem”). Dejando de lado la exactitud de lo que nos dice el editor/prologuista/filtrador Makó añade unas palabras ambiguas que admiten una interpretación según la cual su obra editorial la abría realizado- por lo menos en parte- todavía en vida de Eder: adjunxi tabellam quo geographicam, partim e rudi auto….osius adumbratione seriu… me delata, partim e mossima peruviae charta conccinnatam… (2).

En todo caso, entre la muerte de Eder y la aparición de la Obra a través del amigo Makó, pasaron dieciocho años.

¿Por qué? Una incógnita más!

Buena, mala o defectuosa, “la Obra filtradora de Makó” hizo posible que Eder dejará de ser un desconocido: en 1971 la imprenta universitaria de Buda lanzaba la Descriptio en una edición de 300 ejemplares (lo que explica que antes de los  dos siglos esta edición se ya una rareza americana) (3).

Empezaba la historia de la fortuna científica

Recorrámosla, sin pretensión alguna de exhaustividad

En perspectiva, aparecen tres momentos individualizados en la atención que cuando americanísta presentado a la obra de Eder:

1) en la década de los 80 del S XIX hubo tres acciones independientes que pusieron de relieve la obra impresa de Eder. La primera fue la publicación de Budapest de una breve nota de Sándor Marki, titulada “Un viajero húngaro desconocido”, en la revista  földrajsi közlemények 12 (1884) 302-303. En ella se admira el autor de que el padre de la obra de las dimensiones de las de Eder pueda permanecer en la oscuridad y afirma merecer brillar entre los mejores geógrafos, incluso fuera de las fronteras del país. Y acompaña su nota de una antología de fragmentos, en húngaro, de la Descriptio (pp. 304-312).

La segunda decisiva fue, que Fray Nicolas Armentia emprendió la traducción Castellana y, después, la publicación de Descriptio, ésta aparición en la Paz en 1888. Naturalmente Armentia trabajo sobre la versión Eder- Makó. La presencia de Eder en nuestra historiografía se debe, decisivamente, a esta empresa de Armentia, pues no conozco hasta hoy la presencia en Bolivia de ningún ejemplar de la edición Budapest.

La tercera fue la publicación en Santiago de Chile, en el mismo año 1888, del catálogo del archivo de Mojos y Chiquitos, la Obra de Gabriel René Moreno, fiel registro de su otra iniciativa de mayor trascendencia, cual fue la salvación de los papeles superviviente de la administración civil de las misiones de Mojos y Chiquitos, con la yapa de una magistral reconstrucción de aquel magno fresco histórico que es la acción jesuítica en el Oriente. A pesar de haber aparecido el mismo año que la traducción de Armentia, Moreno ya la menciona (p. 55) (4).

A pesar de estos signos esperanzadores, años después, sigue habiendo autores que creen poder hablar de Beni ignorando incluso la existencia de la Obra de Eder: un ejemplo de ello es el extenso artículo del francés G. Desdevises du Dézert, “Les  missions des Mojos es des Chiquitos, de 1767 a 1808”, Revue Hispanique (New York-Paris) XLIII (1918) 365-430, que sólo toma en cuenta el Catálogo de Moreno!

Ya cerca de mediados del siglo XX, en la década de los cuarenta, varios autores destacan más o menos el mérito de Eder. En 1934 el peruano Rubén Vargas Ugarte publicaba la primera edición de sus Jesuitas peruanos desterrados en Italia; al hablar de la obra de los religiosos extranjeros, unos de los pocos es Eder; de él que su Descripción “es uno de los (trabajos) más completos que se conocen sobre las geografía y costumbres de aquellos pueblos”, estimándolo un “documento de valor para la etnografía de las tribus que habitan en la basta extensión que limitan las aguas de Mamoré y el Guaporé. Su espíritu observador le permitió adquirir datos que para otros hubiesen pasado inadvertidos y, falto de aquella estrechez de criterio con que algunos extranjeros suelen mirar los usos de los pueblos  de cultura inferior o retrazados en la vida del progreso, supo apreciar las cualidades de los indígenas” (pp. 155-156, de la 2da, ed., sin fecha).

En 1942 el etnólogo suizo Alfred Métraux, reivindica en The native tribes of eastern Bolivia and watern Mato Grosso el valor informativo de Eder.

En cambio un boliviano y beniano, José Chávez Suárez, al publicar en 1944 su Historia de Moxos apenas si recurre en dos ocasiones a esta fuente, siguiendo en esto la actitud del sueco Nordenskiöld.

Por fin, el tercer período -el actual- se distingue por un creciente interés y uso de la obra de Eder. Lo podemos hacer arrancar del artículo que el etnólogo húngaro Lajos Boglár, encargado actualmente, de la sección americana del Museo Nacional de Etnografía, de Budapest, publicada, en ingles en Acta ethnographica IV/1-4 /1995) 313-359: “The ethnographic legacy of eighteenth-century hugarian travellers in South America”, donde se valora la información contenida de Eder.

Aunque no conozco la tesis doctoral de Leandro Tormo sobre Demografía histórica de Mojos (Universidad de Madrid, 1960) más que por los presuntos fragmentos que de ella ha publicado: “situación y población de los Mojos en 1679”, Revista española de Antropología Americana VII/2 (1972) 151-159; “Historia demográfica de las misiones de Mojos”, Missionalía Hispánica XXXI-XXXVI/ 103-108 (1978-1979) 285-309, en éstos llama la atención la ausencia absoluta de nuestro Eder. Ésta ausencia es tanto mas sorprendente cuando que la valoración de Eder avanzo grandes pasos en precisión y contenido en 1966, año de la publicación de la importante obra de W. M. Denevan The Aboriginal Cultural Geography of the llanos de Mojos of Bolivia, (cuya traducción impulse y realicé apareciendo en la Paz, Juventud, en 1980): en ella se califica la Descipción de Eder nada menos que del “ más informativo de todos los relatos jesuíticos de Mojos” (Pág. 75 ed. Cast.). Para los temas demográfico, de Nevan demuestra la pertinencia y productividad de la consulta de la obra de Eder (pp. 201,203); lo mismo, acerca de la agricultura (pp. 169,173,174,176,177, etc.).

Hernando de Irmay, un húngaro que residió en Bolivia se interesó por Eder (¿su compatriota?). Buscando información sobre su vida que recopiló en un trabajo manuscrito titulado  Datos Buscado para una Biografía de F. X. Eder  (La paz, 1967). Trabajo que todavía no he podido conocer. En la misma fecha él ya mencionado L.Tormo daba a la luz una investigación sobre “el sistema comunalista indiano, en la región comunera de Mojos-Chiquitos”, Comunidades I/I (1966) 45p.  como en su tesis, tampoco aquí nos sale al encuentro Eder.

En 1969 otro Húngaro, Tibor Wittman, profesor en la universidad de SZEGED (que se ocupo numerosas veces de temas históricos bolivianos, como puede comprobarse en el volumen póstumo que recoge su producción Bolivianista, estudios históricos sobre Bolivia, La Paz, 1975, 216p.), publicada en Alemania el artículo “ Entorno a los misioneros de Hungría en America española (S. XVIII)”, jahrbuch fürgeschichte von staat, wyrtschaft und gesllschaft lateina merikas 6 (1969) 7pp. Este artículo se ocupa prácticamente solo de Eder, a quien denomina del “Misionero mas ilustre entre el grupo analizado autor de “una obra fundamental” para la historia cultural de los llanos de Mojos” y “ apogeo de la actividad científica de los jesuitas de Hungría en el Perú y Bolivia en la época colonial”; formula el juicio de en la obra de Eder  los meritos del observador de la economía y naturaleza sobrepasan los del etnógrafo” y del historiador. Wittman pasa revista a las que llama fuentes bibliograficas de Eder (es mas exacto atribuirlas a Makó, si nos atenemos a las palabras del prólogo “adjunxi, uvicumque pote ram, e lineo, aliisque historias naturales magistris, revés nomina abamico suggesta”, p.v.

Wittman nota dos lagunas en la Descripción de Eder Makó: “ni el régimen político español ni la vida interna de las misiones aparece en su obra, excepto los métodos de fuerza empleados con el fin de capturar y establecer a indio” a pesar de ellas, el veredicto global es decididamente favorable a Eder.: “ La importancia de la obra de Eder consiste en constituir la base para una  comparación de la sociedad de la época jesuita de Mojos con la del período republicano… sin Eder no se puede colocar la región de Mojos en el contexto de Historia social de Bolivia, con todas sus peculiaridades, de que da cuenta últimamente la monografía de W. M. Denevan”.

En el mismo año 1969 desde chile, el chileno S. Claro se ocupa de “ la música en las misiones Jesuitas de Moxos”, revista musical chilena, SXXIII/108 (1969) 7-35. en artículo nos viene a demostrar que también para los musicólogos Eder guarda informaciones pertinentes (Cf. Las pp. 11,12,13,16,18).

Entre tanto en la propia Hungría había surgido cierto interés por la obra de Eder. La academia Húngara de Ciencias financiaba la trascripción mecanográfica del manuscrito de la Descriptio, a cargo de Andras Bognár. Por su parte, él ya mencionado L. Boglar impulsaba una frustrada edición húngara del original latino, cuya introducción había de correr de su cuenta, así como las notas de rigor. Fruto, con todos, de éstos afanes es el trabajo de ambos autores mencionado Ferenc X. Eder’s description of the peruvian missions from the 18th ceruty”. Acta ethnographica XXII/1-2 (1973) 1-49. en él, tras un breve introducción sobre la personalidad y la obra de Eder (pp. 1-4), se publica en ingles (pp.5-38) el capítulo introductoria general sobre el Perú así como (pp. 38-49) el índice de toda la obra.

La importancia capital de este trabajo reside en haber señalado un hecho fundamental para la investigación ederiana: que la edición preparada por Makó y publicada en 1791 (por tanto, también la versión castellana de Armendia, realizada sobre la base de aquella) sólo es una versión incompleta  y en muchos aspectos errónea del texto de Eder: o, como dicen más adelante, “ni siquiera es un sumario del manuscrito original”, sino solo un resumen detallado. He aquí algunos detalles que avalan ésta  tesis:

-          las citas textuales que Makó hace de Eder apenas llenarían unas 18 o 10 páginas del libro impreso.

-          Makó prescindió de los pasaje de difícil comprensión contentándose con incluir con los que se podían trasformar fácilmente a su peculiar estilo latino; aun en esto sintetiza considerablemente perdiéndose muchos detalles o matices.

-          Makó omite sistemáticamente toda referencia a las experiencias personales de Eder o a sus frecuentes observaciones inteligentes y caústica.

-          En concreto, Makó suprimió todas las alusiones críticas de Eder a los malos tratos dado a los indios y negros.

Con tales discrepancias, era obvio que surgiera el deseo, en Hungría y en Bolivia de llevar a cabo una edición definitiva del texto original de Eder. Si bien en Hungría se abandonó el proyecto de la edición de una versión húngara, desde Bolivia, apareció el interés por una versión castellana. Con motivo de una visita a Budapest en 1978, pude confrontar por mi cuenta ambos texto (Eder y Eder-Makó); llegado a la misma conclusión de Bognár-Boglár, plateé al último la posibilidad de aquella traducción y edición. Puestas las bases de un acuerdo de principio, hubo que afanarse tercamente durante más de dos años, para que, por fin, se concediera un ejemplar de la transcripción mecanográfica de Bognár, para poder realizar con ella la traducción y prepara su texto para la impresión. En ésta tarea estoy.

Aunque ya había hecho su primera aparición en 1959,  sólo conozco la segunda edición de Reliquias de Moxos (La Paz, 1978), del beniano R. Becerra Casanovas; en ella se confirma lo anotado a propósito el chileno Claro: que Eder ofrece material idóneo en materia musical (Ef. Pp. 40, 63,66-67, 204, 213).

Este breve recorrido por la fortuna científica de la Description de Eder lo cerraremos en una obra muy reciente: aunque Eder queda fuera de su objetivo (que se reduce a los misioneros de Bohemia y Moravia), le dedica breve espacio para aprovechar sus referencias a la obra artística de cofrades anónimos talladores y doradores de los templos de Mojos: es la obra de R. Grilich. Der Beitrag der bohmischen Lander zur Weltmission des 17, und 18. jahrhunderts (Königstein, 1981), en sus pp. 75-76.

RESUMEN

La fortuna que acompañado a Eder nos enseña que un autor, ni siquiera después de ver en las letras de molde de su trabajo tiene asegurada su presencia en la investigación que le sigue, las obnubilaciones, los desvíos en la atención, los despistes son perfectamente posibles. Como lo son también las reapariciones. Así mismo en el caso de Eder nos ofrece un ejemplo claro de aceleración ininterrumpida del interés por su obra. Hoy, por lo menos sabemos que mientras no se imprima la versión castellana del original de Eder no sabremos verdaderamente lo que nos quiso comunicar sobre sus Mojos.

Notas:

  1. H. Haberzettil. Die stellung der exjesuiten im politik und kulturleben Oesterreichs zu ende desde 18. Jahrhunderts (Viena, 1973).
  2. F.X. Eder. Descriptio provinciae Moxitarum (Buda, 1971), pp. IV-VI
  3. R. Streit, Biblioteca Missionum vol. III (Arquisgrán, 1924), p. 329, N° 1136.
  4. G.R. Moreno, « los archivos Históricos de la capital de Bolivia », en Estudios de literatura boliviana, Vol. II (Potosí, 1956), pp.75-78.

Los orígenes de las letanías se remontan a los primeros siglos de la cristiandad. Las letanías eran súplicas dialogadas entre los sacerdotes y los fieles, y se rezaban sobre todo en las procesiones. Aunque al principio eran dirigidas sólo a Dios (en súplicas) se añadieron con el tiempo invocaciones a santos y sobre todo a la Virgen María (en intercesiones) usadas a partir del siglo VII.

En la liturgia oriental se usaron desde el siglo III. La composición de letanías marianas siguió la línea de las generales y de las de los Santos. En éstas se invocaba a María de tres modos: Sancta María, Sancta Dei Genetrix y Sancta Virgo Virginum. A lo cual siguió una serie de reflexiones y elogios de los santos padres orientales que constituyen el germen de las futuras letanías marianas.

El germen halló ambiente en la popularidad del Oficio de la Virgen Santísima que se cantaba en algunos monasterios. Este "Oficio" no era fijo y tenía variaciones según la orden religiosa que lo cantaba; éstas variaciones fueron abolidas por Pío V cuando estableció el "Oficio Parvo de la Virgen" reformado. Lo cierto es que entre las variantes que existían habían ciertas letanías que se parecían a las futuras Lauretanas.

Las más antiguas letanías a María propiamente dichas se encuentran en un códice de Maguncia del siglo XII titulado Letania de Domina Nostra Dei genenetrice Virgine Maria. Ora valde bona, cotidie pro quacumque tribulatione dicenda est, con alabanzas largas y en cada verso repitiendo el Sancta María.

En el siglo XV y XVI las letanías marianas empezaron a multiplicarse. Por el año 1500 fueron creadas una serie de letanías en el santuario de Loreto hechas para el lugar. Hacia 1575 surgen unas nuevas letanías lauretanas conocidas como "modernas" con alabanzas puramente bíblicas, que se hicieron tan populares que las primeras versiones fueron pasadas a segundo plano. Sixto V las aprobó en 1587 e incluso les dio indulgencias. Hacie el siglo XVII la situación se hizo exagerada, en Loreto se tenía una letanía para cada día de la semana y no era el único caso. En 1601, con el decreto Quoniuam multi del 6 de setiembre, el Papa Clemente VIII prohibió todas las letanías que existían con excepción de las incluidas en el Misal y el Breviario y también las del santuario de Loreto, aquellas letanías ya eran llamadas como lauretanas. Paulo V, en 1503, ordenó que se cantasen en la basílica romana de Santa María La Mayor en festividades de la Virgen María. Los dominicos en 1615 ordenaron que se recite en todos sus conventos después de sus oraciones de los sábados.

Con el tiempo se han ido añadiendo más títulos a ellas, como León XIII quien añadió "Reina del Santo Rosario", y "Madre del Buen Consejo", Benedicto XV añadió "Reina de la paz", Pío IX el "Reina concebida sin pecado original", Pío XII en 1951 "Reina asunta al cielo", Pablo VI el "Madre de la Iglesia" y "Rosa Mística" y Juan Pablo II incluyó el "Reina de las Familias".

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