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EL DESEMPEÑO LABORAL Y SU RELACIÓN CON LA TECNOLOGÍA.

Publicado el: 23/08/2005 / Leido: 6675 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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EL DESEMPEÑO LABORAL Y SU RELACIÓN CON LA TECNOLOGÍA


Ing. Ernesto A. Meier

Centro Integral de Formación Profesional – UTN Rectorado –

Lic. Ernesto A. Meier

Fac. de Ingeniería Química – UNL –

Resumen

Casi toda actividad humana ha dependido tradicionalmente de la comunicac ión personal, verbal o escrita. En épocas de cambio (o en un cambio de épocas), la tecnología nos invade y atrapa, afectando costumbres y tradiciones. Surgen innovaciones y elementos diferenciales y, entre ellas, la virtualidad no ha sido un cambio menor. Las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, nTICs, han alimentado, impulsado y facilitado esta virtualidad que

  • está estructurada en forma de red (más social y de personas que de computadoras y equipamiento),

  • es global en su distribución, pero (al menos hasta ahora) central en su producción, y

  • posmoderna en su epistemología.

Esta Tecnología requiere invertir tiempo, esfuerzos y recursos económicos a la Sociedad en general y en nuestro desempeño personal en particular. Necesitaremos pues conocer, manejar y tratar de obtener siempre el máximo provecho de la tecnología, evitando que se vuelva un fin en sí misma y nos distraiga en nuestras funciones esenciales. Quizás, en vez de iniciar la eterna búsqueda de la última tecnología de avanzada convenga buscar una tecnología apropiada caracterizada por:

  • estar siempre disponible,

  • ser simple (no requiere manuales)

  • ser poco propensa a errores o mal funcionamiento

  • minimizar las posibilidades del error humano

  • dar participación creciente al usuario, etc.

y, al mismo tiempo, por no requerir

  • limitaciones de tiempo, horarios ni espacios

  • reubicación de personas y equipamiento

  • ajustes reiterados, etc.

Antes, inevitablemente hemos de definir el para qué hemos de emplear dicha tecnología, y la experiencia indica que la secuencia tradicional siempre ha sido usar la tecnología para

1. hacer lo que ya se hacía, para después (sólo después)

2. hacer algo que antes NO se hacía.

Ahora bien, ¿qué cosas han cambiado en nuestro espacio de desempeño profesional?.

  • Se accede a los datos y a la información no a través de sus medios portantes sino directamente

  • Los datos e información adquieren nuevas formas (multimediales)

  • Prevalece un único soporte (digital)

  • La existencia de un único soporte digital conlleva

    • La desaparición de los originales

    • La incorporación del tiempo (simultaneidad / secuencialidad) en el manejo de datos e información

    • La transformación de mensajes multimediales (emisor) en mensajes sensoriales (receptor)

    • La integración controlada de medios y mensajes en el tiempo.

    • De un formato uno-a-muchos se pasa a un formato algunos-a-algunos facilitando la distribución selectiva y personalizada de información.

Pero, además de estos cambios, se observan otros no menos importantes en

  • la audiencia, que se amplía y diversifica

  • el objeto de interés (el archivo o los datos e información que incluye dicho archivo) que se vuelve diferente en sus formas, valor, distribución, uso, etc.

  • el contexto de uso y aplicación, sumado a valores normalmente utilitarios en el criterio con que se miden los resultados de nuestro trabajo y la validación social del mismo.

  • El modelo de gestión, que tiende a parecerse a lo que hoy se define como gestión del “conocimiento”, más acorde a la Sociedad de la Información o a la Era del Conocimiento que ya parece habernos invadido.

La tecnología no es algo artefactual sino un cambio completo en nuestra forma de ser y proceder, que nos ayuda y motiva pero, al mismo tiempo, nos resulta intrusiva y en no pocos casos nos agrede. Algo que debiéramos analizar, evaluar y gestionar acorde a nuestro contexto, asignándole valores de pertinencia y pertenencia.

Si es cierto que los cambios son irreversibles, no es menos cierto que abundan los fracasos por aplicación de tecnologías descontextualizadas ...




































Prólogo

Como nuestra especialidad es la tecnología, como nuestro interés se centra en sus aplicaciones en ámbitos específicos de interés social como la educación, y como nuestra experiencia indica la valiosa potencialidad de su combinación, nos gustaría empezar diciendo que nos declaramos defensores de la tecnología.

No obstante, conocedores del vigor y fortaleza que produce la incorporación de la tecnología en todo proceso social, nos permitimos alertar sobre los riesgos que implica su uso indiscriminado, sin previas instancias “criteriosas” de contextualización.

La tecnología, desde nuestro punto de vista, no puede (ni debe) ser planteada bajo principios de exclusión. No creemos en la tecnología “en lugar de” los sistemas tradicionales sino en la tecnología integrada progresivamente a los sistemas existentes.

Hechas estas aclaraciones, y reconociendo que no somos especialistas en “archivística”, permítasenos introducir una breve descripción (resumida)1 de un escenario típico donde los archivistas suelen desempeñar sus actividades.

Todo parece indicar que, desde la lógica de la gestión de la información o la propia gestión del conocimiento, podemos diferenciar el objeto “archivo”, al menos en dos grupos principales:

  1. Los de valor CONTINENTE, aquellos que presentan un valor “testimonial” per se (y allí es donde adquieren su valor), y

  2. Los de valor CONTENIDO, aquellos que presentan valor a través de los datos e información que contienen (no es el objeto “archivo” el que posee valor sino que lo valioso son los datos e información que contienen).

Con el paso del tiempo, debe advertirse, parte de los del segundo grupo tienden a pasar naturalmente al primer grupo es allí donde se requiere del “criterio académico disciplinar” de un especialista formado que pueda detectar la diferencia.

Este tipo de clasificación se corresponde con estructuras tipo, pensadas para alojar dichos archivos o documentos:

ARCHIVOS DE GESTIÓN

ARCHIVOS

CENTRALES

ARCHIVOS HISTÓRICOS


En cada uno de ellos conviven los archivos “continente” y los archivos “contenido” si bien los primeros aumentan al movernos hacia la derecha del esquema, mientras que los archivos “contenido” parecen aumentar su proporción al movernos hacia la izquierda.

Haciendo referencia a los “archivos” que adquieren valor por los datos e información que contienen, debiéramos recordar que la información ni el conocimiento no fueron ni serán productos almacenables y distribuibles en diferentes soportes sino proceso interactivo entre sujeto(s) y objeto(s) en contextos que lo validan y re-significan continuamente.

Al decir de J. M Aldanondo2 resulta erróneo suponer que todo conocimiento es (o puede hacerse) explícito y, en consecuencia, transmisible. Y si lo que proponemos es un proceso mediado tecnológicamente, esta mediación debiera (casi inevitablemente) alcanzar también al sujeto y al propio contexto y no quedarse en una mejora del objeto (o contenidos) a transmitir.


Este escenario, bosquejado en los párrafos anteriores, posee entonces

  • una estructura física (equipamiento)

  • una estructura lógica (gestión) y

  • una estructura humana (institucional y social)

que nos permiten realizar las actividades cotidianas. El orden en que hemos mencionado estas componentes no es casual pues creemos que es éste el orden habitual, representativo de nuestra realidad y, por paradójico que parezca, es este orden el responsable de muchos de los males y fracasos que hoy presenta nuestra actividad en lo que a incorporación de tecnología se refiere.

Posteriormente veremos como invirtiendo este orden aumentan notablemente las posibilidades de que toda incorporación tecnológica incremente sus posibilidades de éxito.


Introducción

Nos agrade o no, vivimos en un mundo en el que la tecnología hace ya tiempo que juega un papel preponderante, inundando toda actividad humana. Y no nos referimos únicamente a Internet, al correo electrónico, a la conectividad. Dependemos de la tecnología para viajar, para cuidar la salud, para comunicarnos, para el ocio, para la ciencia, para fabricar elementos, etc.

La lógica indica entonces que era normal y predecible anticipar una progresiva invasión de la tecnología en actividades específicas (si se la emplea con éxito en tantas actividades humanas, ¿por qué no habría de suceder lo mismo en la archivística?)

En primer lugar podemos analizar que sucede con la incorporación de tecnología a nuestro entorno laboral. Tomando un ejemplo cercano y quizás más conocido, podríamos analizar qué pasa en muchos hogares cuando de repente la televisión se estropea. La tecnología es transparente hasta que deja de funcionar, igual que la salud. Pero su uso genera cambios de hábitos, comportamientos, creencias y, por qué no, valores. Y cuando desaparece, aunque sea momentáneamente, ya no podemos volver a comportarnos como lo hacíamos cuando esa tecnología no era parte constitutiva de nuestra vida.

La tecnología, en general, no es entonces una cuestión artefactual sino, antes bien, un cambio completo en nuestra forma de ser y proceder, que nos ayuda y motiva pero, al mismo tiempo, nos resulta intrusiva y en no pocos casos nos agrede.





Las nuevas Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones (nTICs) se van incorporando a diferentes espacios laborales y profesionales pero debemos tener en cuenta que los nuevos formatos resultan inaccesibles si no disponemos de la tecnología y de usuarios criteriosos que la aprovechen.

La incorporación de tecnología impone, inmediatamente, la necesidad de contar con ella (y con usuarios criteriosos) para tener acceso a los contenidos en los nuevos formatos.



Los archivistas y los archivos no pueden estar al margen de toda esta era cibernético-digital. Automatizar los archivos y su gestión es una tarea inmensa que requiere indispensablemente, y antes de cualquier aplicación tecnológica ordenar los fondos, clasificar y ordenar sus archivos y documentos, para después (sólo después) seleccionar la tecnología apropiada, y no caer en la creencia que la incorporación tecnológica o la sistematización por sí sola organizará el archivo y el trabajo del archivista.

Las tecnologías son, en este caso, instrumentales y, por sí solas, no son capaces de realizar las tareas inherentes al archivista.

La consecuencia de una aplicación descontextualizada no es (ni ha sido) ninguna sorpresa: lo que sabemos que no funciona en un formato tradicional no tiene por qué funcionar bien en un formato “virtual” por más aderezado que esté por una “buena” dosis de tecnología, que (por cierto) queda muy bien en los tiempos que corren y da un lustre de modernidad a instituciones tradicionalmente conservadoras.

En nuestra opinión, en muchos casos se ha optado por lo más rápido y lo más barato (que rara vez significa lo mejor). En muchos casos se ha optado por la incorporación más o menos masiva de tecnología, adoptando modelos ajenos a nuestra realidad. Y es allí donde se resiente la calidad o donde comienzan las frustraciones.

Ahora bien, el enfoque particular de este trabajo no está orientado a la tecnología en sí, ni a sus fortalezas y debilidades pues, en nuestra opinión, la tecnología no es ni el problema ni la solución de los males que en algunos casos parecen paralizar a la archivística (al menos no por ahora).

La tecnología es un gran catalizador de procesos y modelos cuando éstos funcionan adecuadamente. Pero, al decir de algunos autores3, la tecnología es “tan buena” que también acelera y potencia las propuestas deficientes. Añadir tecnología a un modelo deficiente no sólo no lo mejora sino que lo empeora. Y lamentablemente, en nuestra opinión, ésta es exactamente la situación vivida en muchos casos y de ahí que los resultados obtenidos hayan sido en muchos casos tan pobres y decepcionantes en particular cuando se los confronta con el maravilloso panorama pronosticado.

Debe quedar claro que existen esfuerzos valiosos e interesantes pero, aun así, año tras año siguen apareciendo propuestas muy prometedoras que irreversiblemente terminan con un mayor o menor grado de frustración. Otras, en continuo cambio, ni siquiera esperan los resultados que las validen, contradigan o permitan mejorarlas, haciendo del cambio constante su esencia y de los resultados una anécdota menor.

Quizás convenga preguntarnos: ¿Cuál es el impacto que ha tenido, a la fecha, la tecnología en nuestra actividad? ¿Cuántos recursos, tiempo y esfuerzos se han volcado desde distintas esferas y cuáles han sido los resultados obtenidos?

Incidencia de la Tecnología.

Casi toda actividad humana ha dependido tradicionalmente de la comunicación personal, verbal o escrita. En épocas de cambio (o, para mejor decir, en un cambio de épocas), la tecnología nos invade y atrapa, afectando costumbres y tradiciones. Surgen innovaciones y elementos diferenciales y, entre ellas, la virtualidad no ha sido un cambio menor.

Las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, nTICs, han alimentado, impulsado y facilitado esta virtualidad que

  • está estructurada en forma de red (más social y de personas que de computadoras y equipamiento),

  • es global en su distribución, pero (al menos hasta ahora) central en su producción, y

  • posmoderna en su epistemología.

Tratemos de analizar cada uno de estos puntos para después, una vez analizado todo el escenario de desempeño laboral, intentar obtener algunas conclusiones.

Virtual NO es sinónimo de irreal o inexistente, como algunos afirman sino que la virtualidad puede asociarse a la inexistencia de límites o restricciones en tiempo y distancia. Con el apoyo de las nTICs, la virtualidad significa, entre otras cosas, que ya no es necesario que la Institución, su fondo documental y quienes lo gestionan (archivistas) y los usuarios convivan en el mismo espacio físico o geográfico ni al mismo tiempo.

Estructurada en forma de RED pero no de aparatos, como algunos argumentan, sino de personas. Siendo, entonces, una red de personas, no resulta extraño asociarla más a redes donde prevalece la COMUNICACIÓN y los ASPECTOS SOCIALES (que tienden a incorporar PERTINENCIA y PERTENENCIA) antes que la INFORMACIÓN.

Las nTICs hacen pesar más sus componentes comunicacionales que las que se relacionan con el manejo de la información, lo que permite recuperar instancias sociales de contextualización.



Es GLOBAL en su distribución, pero (al menos hasta ahora) CENTRAL en su producción, cuando las tendencias indican la presencia de una interactividad cada vez mayor. Esta interactividad entre la institución, su fondo documental y los usuarios requiere que la “globalización” sea una proceso interactivo, dinámico, donde no haya exclusivamente emisores centrales transfiriendo a receptores globalizados sino que todos puedan, en mayor o menor medida, ser emisores (o, que al menos, se tenga en cuenta a los destinatarios, sus necesidades y preferencias, al realizar la emisión).

POSMODERNA en su epistemología, lo que hace prevalecer los elementos formales y prácticos, con formas simples y funcionales. Es decir, que aparece un criterio UTILITARIO en los archivos y documentos (trasladado a la profesión archivística) donde el valor está asociado fundamentalmente a la UTILIDAD que encuentren los USUARIOS en la propuesta o sistema.

Los cambios

Ahora bien, ¿qué cosas han cambiado en el espacio de desempeño profesional de los archivistas?.

Partiendo de la base establecida respecto de que “la INSTITUCIÓN Genera/Recibe ARCHIVOS/DOCUMENTOS que constituyen un FONDO que se pone en/al servicio de los USUARIOS” nos proponemos ahora analizar, al menos, algunos de los cambios que la incorporación tecnológica está produciendo en cada componente o proceso.

La INSTITUCIÓN se encuentra sujeta a mayores demandas y a una elevada interactividad institucional y social.

Todo el sistema institucional es cada vez más interactivo con los usuarios, obligando a que progresivamente los soportes, la estructura y la puesta en servicio sean pensados en base al potencial receptor (audiencia) y no necesariamente en el emisor. Por ejemplo, si por algún motivo no se puede garantizar la cobertura de las necesidades del usuario al momento de generar los documentos, al menos debiera contemplarse su conversión interna al momento de la gestión.

La GENERACIÓN / RECEPCIÓN de archivos y documentos se encuentra cada vez más facilitada por una fuerte mediación tecnológica. Esto hace que se generen muchos más archivos y documentos en menor tiempo. Sin embargo, la realidad indica que no se aprecia la misma mediación en la gestión o manejo de dichos archivos o documentos.

En otras palabras, si la creación y recepción de archivos y documentos se encuentra mediada tecnológicamente, corresponde proponer una gestión y puesta en servicio que también se encuentre mediada tecnológicamente.

Si las nTICs ayudan a generar y recibir cada vez más archivos y documentos sería deseable que las nTICs también nos ayuden a gestionar, distribuir y/o poner en servicio dichos archivos y documentos.



Los ARCHIVOS / DOCUMENTOS generados o recibidos presentan características donde prevalece un solo formato (digital), lo que conlleva una serie de cambios que, conocidos, no terminan de analizarse en cuanto a sus implicancias a nivel del trabajo cotidiano.

Quienes trabajen con archivos / documentos donde prevalezca el formato digital deben saber que dicho formato implica:

  • Acceder a los datos y a la información no a través de sus medios portantes sino directamente. Esto significa que muchos sistemas tradicionales que plantean el acceso a datos e información a través de códigos de mediación, van perdiendo progresivamente su valor (al menos, desde el punto de vista tradicional con que se los justificaba.) Tomemos el ejemplo de las bibliotecas, donde el acceso a los datos e información incluidos en un libro se hacía por medio de una serie de referentes tales como Título, Editorial, Año de Edición, Autor, etc. Las tradicionales “palabras clave” pierden especificidad. Hoy se puede buscar a texto corrido en cualquier libro o documento electrónico.

  • Los datos e información adquieren nuevas formas (multimediales). La hipertextualidad, debe advertirse, no tolera formatos tradicionales como soporte. Por ejemplo, imprimir un documento con hipervínculos devuelve linealidad extrema a un documento pensado para ser “no-lineal”. Lo mismo podría decirse de un documento o archivo multimedial. La multimedialidad emisora hoy está pensada para ser sensorialidad receptora.

La convivencia de dos o más medios en un mismo soporte brinda, al menos, dos elementos distintivos:

  • La combinación de medios y mensajes, y

  • La incorporación del tiempo como variable esencial al agregar el valor de la simultaneidad/secuencialidad a los mensajes y al manejo de datos e información


y, además, la existencia de un único soporte digital conlleva

  • La desaparición de los originales (con los consiguientes problemas de propiedad intelectual, integridad y autenticidad),

  • Un acceso a elementos digitales que también requiere de tecnología, la que debe ser extremadamente confiable para poder garantizar que los archivos y documentos siempre estén disponibles, en formatos entendibles y usables por todo usuario.

  • La transformación de mensajes multimediales (emisor) en mensajes sensoriales (receptor)

  • La conversión de un formato uno-a-muchos que pasa a ser un formato algunos-a-algunos facilitando la distribución selectiva y personalizada de datos e información.

  • La compleja dualidad existente entre las normativas, regulaciones y requerimientos legales planteadas para los archivos y documentos tradicionales frente a las impuestas a archivos y documentos digitales. Por ejemplo, muchas de las versiones digitales (o sus transformaciones a formatos tradicionales) no son completamente aceptadas por nuestras leyes como “elementos de prueba fehaciente”.


Esta incorporación de tecnología requiere invertir tiempo, esfuerzos y recursos económicos a la Sociedad en general y en nuestro desempeño personal en particular.

Necesitaremos pues conocer, manejar y tratar de obtener siempre el máximo provecho de la tecnología, evitando que se vuelva un fin en sí misma y nos distraiga en nuestras funciones esenciales.

Quizás, en vez de iniciar la eterna búsqueda de la última tecnología de avanzada convenga buscar una tecnología apropiada caracterizada por:

  • estar siempre disponible,

  • ser simple (no requerir manuales complejos)

  • ser poco propensa a errores o mal funcionamiento

  • minimizar las posibilidades del error humano

  • dar participación creciente al usuario, etc.

y, al mismo tiempo, por no requerir

  • limitaciones de tiempo, horarios ni espacios

  • reubicación de personas y equipamiento

  • ajustes reiterados, etc.

Poco a poco hemos ido rescatando algunos elementos y características que debieran presentar los futuros espacios de desempeño laboral de un archivista. Restan, sin embargo, algunos elementos adicionales a tener en cuenta.

Algunos comentarios adicionales.

Antes de proponer cualquier cambio o incorporación tecnológica, inevitablemente hemos de definir el para qué hemos de emplear dicha tecnología, y la experiencia indica que la secuencia tradicional siempre ha sido usar la tecnología para

1. hacer lo que ya se hacía, para después (sólo después)

2. hacer algo que antes NO se hacía.

Pero, además de estos cambios, se observan otros no menos importantes en

  • la audiencia, que se amplía y diversifica

  • el objeto de interés (el archivo o los datos e información que incluye dicho archivo) que se vuelve diferente en sus formas, valor, distribución, uso, etc.

  • el contexto de uso y aplicación, sumado a valores normalmente utilitarios en el criterio con que se miden los resultados de nuestro trabajo y la validación social del mismo.

  • El modelo de gestión, que tiende a parecerse a lo que hoy se define como gestión del “conocimiento”, más acorde a la Sociedad de la Información o a la Era del Conocimiento que ya parece habernos invadido.

Los archivistas y los archivos no pueden estar al margen de toda esta era cibernético-digital. Automatizar los archivos y su gestión es una tarea inmensa que requiere indispensablemente, y antes de cualquier aplicación tecnológica ordenar los fondos, clasificar y ordenar sus archivos y documentos, para después (sólo después) seleccionar la tecnología apropiada, y no caer en la creencia que la incorporación tecnológica o la sistematización por sí sola organizará el archivo y el trabajo del archivista.

Las tecnologías son, en este caso, instrumentales y, por sí solas, no son capaces de realizar las tareas inherentes al archivista.

Lamentablemente las carreras de archivista adolecen en la mayoría de los casos de materias relacionadas a las tecnologías. En consecuencia los archivistas presentan ciertas falencias en su formación, que se deberá completar en forma individual y muchas veces fuera de los estudios académicos con un esfuerzo adicional a nivel personal e institucional.

El crecimiento explosivo de las tecnologías informáticas y su avance tan rápido ha hecho que se planteen importantes interrogantes respecto de temas tales como la obsolescencia, incompatibilidad y perdurabilidad de los soportes electrónicos, conservación de la información, y la seguridad y protección de los archivos y documentos, con una enorme espada de Damocles que amenaza continuamente ante el riesgo mayor cual es la pérdida de la información.

La migración de la información hacia otros soportes podría ser la solución a esta dificultad, generando copias de seguridad confiables, pero el gran inconveniente con que se encuentran los archivos de hoy en día es que lo mismos no cuentan con presupuestos acordes, ni recursos de índole económica que les permitan hacer frente a tamaño gasto.

Asimismo todos estos recursos necesitan lugares especiales de almacenamiento para su conservación y sabemos que muchos archivos no poseen ni ámbitos adecuados, ni fondos económicos.


Conclusiones

No son muchos quienes se atreven a “criticar reflexivamente” las propuestas de cambio, afirmando que si no provocamos una auténtica revolución en la forma en la que tratamos los archivos y documentos, corremos el peligro de sumergirnos en un círculo vicioso cada vez más asfixiante, muy alejado del círculo virtuoso que proponen al menos discursivamente muchas de nuestras instituciones.

Debemos reconocer que nuestra economía no ha sido demasiado exitosa humanamente hablando. Los avances son sobre todo tecnológicos. El mundo jamás ha conocido un nivel semejante de progreso. Sin embargo, las guerras continúan, las enfermedades no desaparecen, las desigualdades se acrecientan, degradamos la naturaleza sin cesar, y no parecen éstos, causa directa de la tecnología sino, antes bien, de malas propuestas, modelos o implementaciones, descontextualizadas de la realidad, muchas veces social y culturalmente ajenas a los destinatarios, pensadas desde el emisor y su estructura pero desconociendo al receptor potencial y su contexto.

Hay algo que debemos agradecerle a la tecnología, sin embargo, y es que nos está obligando a pensar y debatir sobre asuntos que poco tienen que ver con ella. Nos está sirviendo como excusa para repensar un modelo de gestión de información que lleva demasiado tiempo instalado entre nosotros y que está generando ya ciertos niveles más o menos importantes de frustración. Y esto no es lo peor, pues pareciera que estamos cegados por un paradigma conformista o fatalista.

De no advertirlo, seguiremos argumentando que los vicios de unos son siempre virtudes de otros o que las restricciones de nuestra realidad asignan un fatalismo irreversible a nuestro desarrollo y crecimiento personal y profesional.

Lo llamativo de la tecnología (esencialmente motivadora desde la tecnofilia o intrínsecamente abrumadora desde la tecnofobia) exacerba la motivación pero sólo por períodos relativamente cortos si dicha tecnología no va acompañada de una esencia que atienda la demanda o necesidad que provocó el acercamiento a la propuesta.

Decimos pues que debemos incorporar (no tamizar ni filtrar) perspectivas alternativas, confrontarlas, aprender de su diversidad y no recitar «teorías universales» que plantean su aceptación dogmática incuestionable.

Por último, aunque no por ello menos importante, nos gustaría sugerir un espacio reflexivo para poder formar y contar con “usuarios criteriosos” de la tecnología. No queremos descubrir la pólvora ni pedimos que otros lo hagan. No traemos recetas, ni las pedimos. Quisiéramos sugerir un espacio de intercambio, cooperativo y colaborativo, capaz de anteponer propuestas sólidas a muchas de las “recetas” que bajan (como incuestionables) de muchos países o regiones centrales. La “monocultura” en estos temas suele ser muy peligrosa.

Desde lo intelectual y experimental sugerimos pues debatir, defendiendo diferencias, pero sin obligarnos a generar «copias talentosas» ni a imitar lo que posiblemente ya sea imitación.

Debiéramos siempre recordar que la tecnología no es algo artefactual sino un cambio completo en nuestra forma de ser y proceder, que nos ayuda y motiva pero, al mismo tiempo, nos resulta intrusiva y en no pocos casos nos agrede.

Primero debiéramos pensar en nuestra potencial audiencia e instituciones, conformando una estructura humana, institucional y social que brinde forma a la lógica del sistema. Después, sólo después, debiéramos pensar en aquellas tecnologías que resulten más adecuadas para satisfacer, con la lógica decidida y contextualizada con criterios de pertinencia y pertenencia, las necesidades y demandas de los usuarios o de la propia Sociedad.

Toda incorporación tecnológica es, entonces, algo que debiéramos analizar, evaluar y gestionar acorde a nuestro contexto, asignándole valores de pertinencia y pertenencia.

Si es cierto que los cambios son irreversibles, no es menos cierto que abundan los fracasos por aplicación de tecnologías descontextualizadas ...





























ANEXO

En base a los análisis realizados en los diversos componentes y procesos de la actividad del archivista, podríamos decir que un moderno sistema:

  • No requiere que la Institución, los Archivos/Documentos y los Usuarios convivan en el mismo Espacio ni al mismo Tiempo

  • Hace prevalecer la COMUNICACIÓN y los ASPECTOS SOCIALES (PERTINENCIA y PERTENENCIA) como complemento ineludible a la gestión de la INFORMACIÓN

  • Tiende a ser GLOBAL tanto en su distribución como en su producción

  • Hace prevalecer los elementos formales y prácticos, con formas simples y funcionales, asignando un criterio UTILITARIO donde el valor está asociado a la UTILIDAD que encuentren los USUARIOS en la propuesta

  • Es interactivo con los usuarios, pensando en el receptor (audiencia) y no necesariamente en el emisor. (por ejemplo, si no se puede garantizar la cobertura de las necesidades del usuario al momento de generar los documentos, debe contemplarse su conversión interna al momento de la gestión).

  • Considera la creación y recepción de archivos y documentos (mediada tecnológicamente) para proponer una gestión y puesta en servicio (también mediada tecnológicamente). Si las nTICs ayudan a generar y recibir cada vez más archivos y documentos sería deseable que las nTICs también ayuden a gestionar, distribuir y/o poner en servicio dichos archivos y documentos.

  • Incorpora el formato digital, advirtiendo que dicho formato implica:

  • Acceder a los datos y a la información no a través de sus medios portantes sino directamente.

  • Los datos e información adquieren nuevas formas (multimediales). La hipertextualidad, debe advertirse, no tolera formatos tradicionales como soporte. Por ejemplo, imprimir un documento con hipervínculos devuelve linealidad extrema a un documento pensado para ser “no-lineal”. Lo mismo podría decirse de un documento o archivo multimedial. La multimedialidad emisora hoy está pensada para ser sensorialidad receptora.

La convivencia de dos o más medios en un mismo soporte brinda, al menos, dos elementos distintivos:

  • La combinación de medios y mensajes, y

  • La incorporación del tiempo como variable esencial al agregar el valor de la simultaneidad/secuencialidad a los mensajes y al manejo de datos e información


  • La desaparición de los originales (con los consiguientes problemas de propiedad intelectual, integridad y autenticidad),

  • Un acceso a elementos digitales que también requiere de tecnología, la que debe ser extremadamente confiable para poder garantizar que los archivos y documentos siempre estén disponibles, en formatos entendibles y usables por todo usuario.

  • La transformación de mensajes multimediales (emisor) en mensajes sensoriales (receptor)

  • La conversión de un formato uno-a-muchos que pasa a ser un formato algunos-a-algunos facilitando la distribución selectiva y personalizada de datos e información.

  • La compleja dualidad existente entre las normativas, regulaciones y requerimientos legales planteadas para los archivos y documentos tradicionales frente a las impuestas a archivos y documentos digitales.

  • La secuencia tradicional siempre ha sido usar la tecnología para

1. hacer lo que ya se hacía, para después (sólo después)

2. hacer algo que antes NO se hacía.

  • Considera a la tecnología no como algo artefactual sino como un cambio completo en nuestra forma de ser y proceder, que nos ayuda y motiva pero, al mismo tiempo, nos resulta intrusiva y en no pocos casos nos agrede.

  • Se analiza, evalúa y gestiona acorde al contexto particular, asignándole valores de pertinencia y pertenencia.

  • Propone la gestión de los archivos y documentos como Gestión de la Información o Gestión del Conocimiento, con patrones para manejar información y conocimiento implícito y/o explícito.

  • Nunca se convierte en un fin en si misma

  • Nunca nos distrae de nuestras funciones esenciales

  • Está caracterizada por:

- estar siempre disponible, en formatos entendibles y utilizables por los usuarios.

- ser simple (no requerir manuales)

- ser poco propensa a errores o mal funcionamiento

- minimizar las posibilidades del error humano

- dar participación creciente al usuario, etc.

y, al mismo tiempo, por no requerir

- limitaciones de tiempo, horarios ni espacios

- reubicación de personas y equipamiento

- ajustes reiterados, etc.


1 Los Modelos Teóricos de Unificación de Archivos, Dr. Luis Fernando Jaén García, Anales de Documentación No. 6, 2003, págs. 121-135

2 Martínez Aldanondo, Javier . (2002). E-learning y los 7 pecados capitales, Chile.


3 Pérez Cota, Manuel. (2003). Comunicación interna, Universidad de Vigo, España.


Publicado el: 23/08/2005 / Leido: 6675 veces / Comentarios: 0 / Archivos Adjuntos: 0

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